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domingo, 16 de septiembre de 2012

Piel

Este año acabo de empezar a estudiar dermatología y siento que vuelvo a estar inspirado. Más que inspirado, estoy sensible. Estoy convencido que sin sensibilidad, es difícil estar inspirado, y sin inspiración hay pocas cosas que valgan la pena.

Voy sentado en el penúltimo vagón del metro y mi cabeza empieza a distraerse con lo que me rodea, influenciado seguramente por esa última cerveza de la tarde o la botella de vino durante la cena. Me fijo un rato en las personas que viajan conmigo y de repente me doy cuenta que apenas las miro en conjunto, soy incapaz de fijarme en sus ropas o los complementos que llevan. Sólo hay una cosa que capta mi atención...

La piel. Consigue atraer toda mi atención como un imán. Es por ello que soy incapaz de recordar de qué color son los ojos de la mujer con quien acabo de cenar, sólo sé que me gustan. La piel es todo lo que nos define. Nos protege de las agresiones y mantiene nuestro equilibrio osmótico del organismo. Sin ella, no podríamos mantener la entropía que nos hace mantenernos vivos. La piel define los límites de nuestro propio cuerpo y percibimos a través de ella, las caricias y los besos. Nos electriza los sentimientos.

La piel es sincera, nunca miente. Tiene memoria y refleja nuestras vidas, quienes somos y quienes fuimos. Me fascina la información que es capaz de almacenar nuestra piel en apenas unos milímetros de profundidad.

Observo la chica que está sentada frente a mi. Me fijo en su cuerpo bronceado, su piel hidratada junto a sus pecas diminutas; se me hace irresistible. No deja de observarme como si estuviera leyendo mis pensamientos...nos sonreímos. Mi cortex cerebral se activa y empieza a construir sensaciones...

miércoles, 16 de marzo de 2011

Caricias

Hace unos días me dijiste que necesitabas una persona para practicar tus habilidades y me ofrecí voluntario para ayudarte.

Estoy tumbado en una camilla boca arriba. El ambiente de la habitación es frio. Mi cuerpo desnudo permanece cubierto por una sábana blanca que llega hasta la cintura. De pronto entras en la habitación y me sonríes.

Llevas un vestido de tonos rojizos y marrón pardo. Te alejas un poco de mí y puedo ver tu cuerpo entero, perfectamente proporcionado. Tu cabello liso, sigue los movimientos de tus caderas.  Me das la espalda y te acercas hacia la mesa de trabajo. Inclinas tu cuerpo encima de la mesa simulando coger algún producto. Tus tetas se aplastan contra la superficie. Abres ligeramente las piernas mientras coges tu vestido y vas subiéndolo lentamente por los muslos hasta mostrarme tu culo semidesnudo. Acaricias con suavidad tus nalgas y lo elevas lo justo para mostrarme la zona pubocoxígea cubierta solamente por tu braguita.

Giras tu cuerpo encima de la mesa quedando bocarriba y vas abriendo las piernas gradualmente hasta mostrarme ahora la lencería cubriendo tu sexo. Observas mis reacciones. Sabes lo que mi cerebro está pensando, te muerdes el labio inferior y sonríes con lascivia. Lames tu dedo índice y lo deslizas por encima de la rajita de tu coño. La saliva va empapando el tejido dejando ver una transparencia. Repites los movimientos de tu dedo una y otra vez, ahora con más presión, hasta que un trozo de tela se introduce en tu cuerpo.

Hace rato, que debajo de mi sábana,  mi sexo se ha endurecido delatándose por laa formación de un montículo en la zona del pubis. Acaricio mi polla a través de la ropa mientras sigo observándote. Retiras los laterales de tu braguita reduciéndola una cuarta parte y dejando al descubierto tus labios mayores y empiezas a frotar el trozo de tela que queda como si se tratase de hilo dental. Roza tu coño dejándolo hiperémico, hinchándote los labios externos y hundiéndose unos milímetros en tu interior. Eres de fuego…

Te acercas y te detienes apenas un metro de donde yo estoy. Bailas muy lento, deslizando tu cuerpo con extrema delicadeza. Vas levantando el vestido mostrándome los muslos, tu ropa íntima mojada, y sigues subiéndolo poco a poco hasta quedar desnuda ante mí, protegiéndote solo por tu lencería. Introduces tus dedos por debajo de tu lencería acariciando todo tu cuerpo. Ya no siento el frio y la habitación se ha caldeado con nuestra propia transpiración. No puedo resistirme…

Coges un cinturón que tiene un dosificador para el gel y lo atas a tu cintura. Te acercas a mi lado y tus dedos acarician mi pierna a través de la sábana, sigues subiendo mientras extiendes tu palma para pasarla suavemente por encima de mi polla. Presionas un poco tus dedos para sentir mi consistencia. Me estremezco.

Aplicas un poco de gel en la palma de tu mano y la extiendes entre tus dedos. Depositas las manos en mi torso y empiezas a untarme. Primero el pecho, por encima de los pezones, continúas por mi abdomen y subes por los laterales hasta los hombros. Te encanta mirarme y ver como reacciono ante tus estímulos. Lo tienes todo planeado y yo sólo puedo seguir tus intenciones.

Acaricio tu culo suavemente. Primero una nalga, después la otra. Deslizo un dedo entre ellas por encima de tu tanga y voy siguiendo tu coño por encima de la tela. Rotas el cuerpo para que vea como se hunde mi dedo en ti y te apartas.

Introduces una mano debajo de la sabana y me acaricias el abdomen hasta la raíz del pene. Con tus dedos rodeas el tronco de mi polla y comprimes las arterias peneanas para sentir mi pulso. Nos besamos comiéndonos la boca, jugando a mordisquearnos con deseo. Acaricio tu culo amasándolo mientras desabrochas tu sostén dejando tus preciosos pechos desnudos. Siento como se vierte un chorro de adrenalina directamente a mis venas y todo se acelera.

Subes encima de la camilla y te sientas entre mis piernas. Tus pechos se tambalean a cada uno de tus movimientos. Los pezones rosados se te han ido oscureciendo y concentrándose hacia el epicentro de tus aureolas y, ahora permanecen erguidos y endurecidos como dos balas. Estás dispuesta a vaciar todo tu cargador y quieres hacerlo conmigo.

Juntamos nuestros cuerpos e intercambiamos caricias profundas, sentimos latir nuestros corazones desbocados. Sostengo tu cuerpo por las caderas, te reincorporas y vas dejándote caer y hundiéndote en mi polla. Tus pechos en mi torso, mi polla en tu coño  nosotros acariciándonos mientras me susurras con tu acento de tierras lejanas que durante esta noche solo existiremos el uno para el otro...

domingo, 8 de marzo de 2009

Mi primera vez (II)

Sonó el despertador y abrí los ojos. Eran la nueve de la mañana y me encontraba en la cama nuestra habitación. A mi lado, Karina seguía durmiendo. Estuve reflexionando acerca de lo sucedido hacía unas pocas horas. No podía creerme que aquello había sucedido. Y en caso de ser cierto, no sabía si habíamos hecho lo correcto.

De repente se despertó Karina y me dio los buenos días con una sonrisa pícara y un besito en la boca. Al parecer ella, lo tenía mucho más claro y no tenía estos problemas. Salió de entre las sábanas y se levantó. Estaba completamente desnuda y yo no me había dado cuenta hasta ahora.
Pasó moviendo su cinturita de lado a lado y se dirigió al lavabo que teníamos en la habitación, antes de entrar se giró harmónicamente y me echó una mirada sagaz. Aunque no la veía, podía imaginar todos los pasos que hacía: levantaba la tapa del aseo, se sentaba, cruzaba sus pies y se ponía a orinar de la forma más inocente que existía. Me excitaba con tan sólo imaginármelo.

En el momento que salió del baño, yo me encontraba sentado al borde de la cama y a punto de ponerme los bóxer. Aunque disimuló muy bien, hizo una mirada disimulada a mi instrumento; siempre he considerado que no es exageradamente largo, pero tiene un grosor nada despreciable, y debido al poco tiempo que hacía que estaba en la cama, sus medidas impactaban más. Volvió a soltar una risita y me dijo:

- Nuestros amigos ya estarán preparados para ir a la playa, ¿bajamos?

Me puse de pie y seguí su iniciativa. Pensé que aquel día sería altamente concentrado a base de risitas y miraditas por su parte. No me desagradaba, pero tampoco quería que mis compañeros se enteraran de lo ocurrido anoche, no tenía ningún motivo concreto, pero siempre he sido cauto en dar explicaciones y alardear en estos temas.

Llegamos a la playa y nos dispusimos a buscar unos metros de arena, donde extender las toallas, era difícil. Por casualidades de la vida…Karina se ubicó a mi lado y me pidió que le ayudara a extender su toalla, ya que hacía un poco de viento y si no se le llenaba de arena.

Karina, se sacó la camiseta y sus pantalones y dejó ver su diminuto bikini. Era de color blanco con los bordes negros. Se estiró en la toalla boca abajo y me pidió que le desabrochara su bikini para que se pusiera toda su espalda morenita. Las chicas empezaron a ponerse cremas bronceadoras y mis amigos y yo fuimos a jugar al agua con un balón hinchable.

Al cabo de un rato volvimos y ellas estaban estiradas boca arriba y Karina se había puesto a hacer topless. Mis amigos se quedaron alucinados y una vez estuvieron sentados en sus toallas, iban lanzando miradas furtivas y risita descontroladas. Karina se dio cuenta de la situación y sabía también que yo estaba al quite. Sin embargo nunca me he considerado celoso, por lo que en una situación inversa, haría lo mismo que mis amigos. Seguramente Karina provocó la situación para probarme, ya que durante el resto de días ya no volvió a hacerlo, pero no me desagradó.

El día pasó sin más, comimos en un chiringuito de playa y por la tarde continuamos en la playa. Cuando llegamos al apartamento, nos dispersamos cada pareja en la habitación para ducharnos y sacarnos toda la arena del cuerpo.

Karina fue subiendo en la habitación y yo me quedé unos minutos hablando con mis amigos acerca de lo que podríamos hacer por la noche.

Cuando subí a la habitación y crucé la puerta me encontré con Karina desnuda frente a mí:

- Que ha…

Se arrojó encima de mí y la puerta se cerró a mis espaldas. Empezó a besarme apasionadamente y yo le correspondí con el mismo trato. Me mordisqueaba y besuqueaba el cuello, las orejas y me susurraba palabras inteligibles al oído; creo que el hecho que no entendiera lo que me dijera me ponía más caliente, aunque sin palabras ambos sabíamos que nos habíamos estado deseando durante todo el día, y ahora teníamos un poco de intimidad para los dos.


Fuimos balanceándonos torpemente hasta el aseo y por el camino fui dejando por dónde pude la camiseta y el bañador. Nos pusimos debajo de la ducha y seguimos besándonos desenfrenadamente. Encendimos el agua y pude volver a ver su piel toda impregnada por las gotitas de agua que resbalaban debido a la crema solar que aún llevaba. Recordé lo que había sucedido el día anterior y tuve una erección incontrolable. Karina se rió y abrazó fuertemente su cuerpo contra el mío. Quería notar cómo mi tirantez se restregaba por su cuerpo. Seguimos besándonos y lentamente fui bajando..., besando su mentón, siguiendo por su clavícula, sus finos brazos…y llegué a sus pechos. Me encantaban su textura, lamerlos mordisquear sus pezones y notar como subían de tono y se ponían duros. Cuando le sorbía sus pezones, conseguir succionarle toda la zona y llenaba mi boca con agua al tiempo que le dejaba la piel seca.

Al cabo de unos minutos seguí bajando por su cuerpo lentamente hasta su barriguita…y luego llegué a su coñito. Iba chupeteándole alrededor de su rajita y instintivamente introducía la punta de mi lengua en su rajita, arriba y hacia abajo y volvía a besuquearla por fuera, encima de su coñito, el interior de sus muslos…y volvía a su coñito.

Karina me tiró hacía arriba y nos besamos al tiempo que deslizaba una mano por su cintura abajo…hasta llegar a su coñito y empecé a acariciarlo por fuera y hacerles cosquillas con la yema de los dedos índice y corazón. Introduje un dedo en su interior y fui suavemente dando círculos y penetrándola como si mi mano no fuera conmigo. Luego introduje otro dedo y seguí con mi rutina hasta que soltó un gemido que aplaqué con un beso. Me abrazó. Noté cómo mi polla chocaba contra su cuerpo. La tenía dura y apuntaba hacia arriba, a la expectativa de lo que iba a suceder. El glande estaba hinchado, todo terso y con un color rojo intenso.

La apreté fuerte y la cogí en brazos para dirigirnos hasta la cama y me dejé caer encima. Por inercia ella quedó encima de mí, me hizo un mirada lasciva y fue lamiéndome todo el torso hasta llegar a mis genitales. Me tiró la polla hacia arriba y empezó a lamerme el espacio entre los testículos muy lentamente, bajando hasta el inicio de mi ano. Volvió a subir y se introdujo uno de ellos en su boca. Luego el otro y subió hasta la punta para lamerla. Iba haciendo circulitos y lamiéndome con su puntita, de repente empezaba a besarme todo el tronco y volvía a subir. De repente se sentó encima de mi cuerpo, pasó una pierna por cada lado y empezó a frotar su chochete contra el tronco de mi pene. Me encantaba esta sensación y notar como su calor se transmitía hasta mi miembro. Había llegado la hora.

Se levantó levemente, cogió mi polla y la situó en la entrada de su vagina. Al principio parecía que no entraba hasta que fue flexionando las piernas y bajando su cintura paulatinamente. Podía ver como mi glande desaparecía de mi vista y a continuación lo hacía todo el cuerpo de mi pene hasta llegar a su base. Siempre había soñando con aquel momento. Todo mi mundo se concentró en aquel instante y podía notar la calidez y la dulzura que me envolvía. Los dos entregados, uno al otro.

Karina me agarró por el cuello y estrechó su pecho contra mi cuerpo. Entonces levanté las caderas lentamente e inicié un juego de caderas como había visto en tantísimas películas. Subía y bajaba lentamente y podía notar como mi pene entraba y salía de su interior. Fui aumentando la frecuencia mecánicamente; nuestra respiración se entrecortaba y nos besábamos salvajemente. Sabía que si seguía aquel ritmo no iba a durar mucho más, así que aprovechamos para cambiar de posición. Karina se recostó bocarriba en la cama, y yo me lamí un dedo y seguí penetrándola sin cesar. Añadí otro dedo e iba dibujando círculos en su interior intercalándolos con una frenética penetración.

-Me voy a correr!

Al oír esto, aceleré mis maniobras hasta que su musculatura se endureció, arqueó la espalda y arrojó un grito:

-MMMhhaaaaahhh…

Sus ojos se humedecieron y empezó a reír. Nos besamos al tiempo que deslice mi mano por debajo de su cuerpo. Sus pezones estaban erguidos y colorados y yo me moría por acariciarlos, juguetear con la yema de mis dedos y lamerlos y succionarlos sin parar.

Volví a bajar hasta su coño, estaba enrojecido e hinchado y las feromonas que desprendía sólo hacían que aumentar mi excitación. Podía ver su inflado clítoris a simple vista por lo que me acerqué a él, y con la ayuda de mis dedos separé sus labios y lo capture con los míos. Con la punta de la lengua humedecí su territorio y empecé a succionarlo al tiempo que volvía a introducir dos de mis dedos en su vagina e inicié una penetración más pausada pero más sensitiva. Ella se retorcía por la cama y sus dedos se enredaban en mi cabeza. Su coñito emanó un líquido transparente y semiviscoso que recogí con la boca y otro orgasmo recorrió todo su cuerpo desde su coño hasta su espalda.

Nos abrazamos y besamos y a continuación levanté sus piernas hacía arriba y me dispuse a introducir la punta de mi miembro en su interior. Esta vez entró por inercia, inicié un bombeo continuado y ella me agarró fuerte por el culo y dijo:

- Córrete dentro, ya!

A lo que obedecí al momento. Noté una convulsión en mis testículos e inundé todo su coñito con mi corrida. Me quedé unos segundos con mi polla en su interior. Cuando la retiré, salió expelido una mezcla de nuestros fluidos que mojé con la yema de mi índice y dibujé un corazón alrededor de su pezón. Con mis manos acaricié sus mejillas y nos besamos dulcemente.



jueves, 12 de febrero de 2009

Era ella...


Entré en la habitación y mis retinas tuvieron que acomodarse a la poca luz que había en su interior. Lo que tenía antes mis ojos no podía ser cierto. Pensaba que aquello era un sueño. Una tenue luz que llegaba a través de una pequeña ventana iluminaba cada centímetro de su cuerpo desnudo.

Desprendía una sensación de tranquilidad e inocencia, como jamás he vuelto a ver y toda la habitación estaba inundada por un aroma dulce, como si fuera de almendras. Tenía el pelo echado hacia un lado y su rostro quedaba oculto mirando en mi dirección opuesta.

Sus hombros eran de una fineza extrema y seguían con una espalda marcada por el arco central que se curvaba hacia el interior y llegaba a contactar con su culo, totalmente desnudo. La forma de su trasero era perfecto, formado por unas nalgas con volumen y redondas, sin embargo, al pasar suavemente mi dedo por encima pude notar cómo se mantenían duras.

Oía su respiración y quería que descansara tranquila. Dejé mi abrigo apoyado en la silla y me acerqué a ella sin hacer ruido. Podía notar como su cuerpo desprendía calor. Con mi dedo índice acaricié su cuerpo desde la nuca y bajando lentamente por el centro de su espalda…a media altura me detuve y empecé a dar círculos en sus omoplatos, continué bajando en línea recta y despegué el dedo en el punto dónde empieza su culo. Me lamí el dedo instintivamente. Me lamí los labios.

A continuación seguí el mismo recorrido que había hecho hacia unos segundos, a base de pequeños y continuados besitos a lo largo de todo su cuerpo. Durante todo el trayecto había dejado un rastro de mi saliva que brillaba con la luz exterior. Cuando llegué al inicio de su culo, deslicé suavemente mi lengua entre sus nalgas y fui bajando hasta que mi lengua no pudo acceder más adentro. De repente se estremeció un segundo y de su boca exhaló un suspiro. Me espanté pero aquella situación me encantaba.

Lentamente se dio la vuelta como en un gesto de dar permiso a su observador. Su rostro era de ángel, con unas cejas perfiladas, su nariz era larguita pero muy fina y mostraba unos labios carnosos increíbles. Además entre el labio superior y la nariz se le hacia un huequito que siempre me encantaba en todas las mujeres que había conocido.

Mi mirada siguió bajando y encontró unos pechos increíbles. Quizás no fueran los más grandes del mundo, pero personalmente siempre he preferido la calidad que la cantidad, en todos los ámbitos. Su forma me recordaba a dos peritas del campo y tenía unos pezones oscuros rodeados por un aureola pequeña concéntrica. No pude resistirme, cogí un dedo mojado con mi saliva y lo ubiqué en el borde entre su aureola y su pezón y empecé a dar círculos lentamente. Noté como se erguía su aureola, pellizqué su pezón y lo tire suavemente hacia arriba. Repetí el mismo procedimiento una vez más, el tamaño de su pezón se había duplicado. Me gustaba contemplar como aquellos pezones se ponían duros y su color se oscurecía y parecía que se convirtiesen en botones de algún aparato electrónico. Pulsé gradualmente aquel botón, cómo si algo mágico tuviera que suceder, hasta hundirlo por debajo de su pecho, y otra vez lo tiré hacia arriba.

El otro pezón, sintiendo que pronto le llegaría su hora, también se había erguido un poco antes de que lo tocase, y una vez lo hice, terminé chupeteando con mi boca aquel pezón. No quería despegarme de su cuerpo, así que fui dócilmente lamiendo todo el cuerpo hasta haber relamido los dos pezones.

Lentamente bajé por su vientre. Aquello era ilustre. Denotaba un vientre plano y marcado, que acababa con un monte de Venus sobresalido y unas ingles que marcaban la dirección de quienes habían tenido el placer de llegar hasta allí.

Tenía el pubis con pelitos cortitos que le daban un aire encantador. Sus labios mayores parecían hinchados y permitían entrever unos labios menores replegados hacia el interior. Había llegado la hora y ya no había vuelta atrás. Acerqué mis labios en su entrada. Estaba caliente.

Contacté con mi lengua la entrada y fui resiguiéndola hacia arribar y hacia abajo dejando un rastro de mi saliva. Saqué la lengua lo más que pude y la introduje ávidamente. La movía frenéticamente, en todas direcciones, haciendo círculos, penetrándola con mi lengua…

En este momento se despertó y sacó un chillido que resonó en la habitación. Con tal de silenciar aquel grito subí rápidamente y la besé en toda la boca de forma apasionada. Ella me correspondió y de repente empujó mi cabeza hacia abajo para que continuara con lo que estaba haciendo.

Volví a introducir la lengua y me situé en la parte superior de su entrada. No tarde en localizar su botoncito. Estaba escondido debajo de los labios menores y deseaba que alguien lo liberase. Con mis dedos bien mojados separé los labios superiores y a continuación con la ayuda de mi otra mano y desde el exterior, hice un poco de palanca para resaltar la ubicación de su clítoris. Lo tenía ante mis ojos, lo agarré suavemente con mis labios y con la punta de mi lengua, jugueteé con él dándole círculos, besitos…Su cuerpo y sus piernas se movían por la excitación al tiempo que decía palabras sordas que intuía quería que no parase.

Empecé a succionarlo vorazmente y en pocos segundos un calambre subió por todo su cuerpo, se endureció y a continuación exhaló un fuerte gemido. En seguida su cuerpo volvió a relajarse. Ahora reía sin parar.

Me acerqué hasta su carita. Sus ojos estaban húmedos y brillaban con una calidez especial. De repente una lagrimita corrió mejilla abajo, hasta que la cogí con mi lengua.

- Quiero sentirte en mi interior, me dijo.

Empecé a sacarme los pantalones y a continuación los bóxer que llevaba. En cuanto mi miembro sintió el aire exterior se desplegó rápidamente como si alguien tirara de él. Jamás había visto mi capullo tan hinchado y coloreado. Dispuse mi glande en la entrada de su coñito; estaba empapado. Empecé a jugar restregándolo arriba y abajo, por la entrada, presionando con la punta para que penetrase y sacándola suavemente. No tardé en introducir la puntita. Costó que entrara pero una vez lo hizo se desenvolvió con completa naturalidad.

Siempre he considerado mi polla más gruesa que larga. Creo que esto hace que todas mis relaciones sean más próximas e íntimas para los dos, ya que además de permitir una penetración más oprimida, también permite contactar todo mi pubis y abdomen con el cuerpo de la mujer y una sensación más cercana.

Al cabo de unos minutos penetrándole, me abalancé sobre sus pechos al tiempo que aceleraba las embestidas. Empecé a comerme sus tetas como si hiciera tiempo que no lo hiciera. Ella me agarraba todo el culo con mucha fuerza para sentirnos más unidos el uno al otro. Noté que no podía durar mucho más y le dije:

- Cariño, estoy a punto de correrme!

A lo que me respondió que quería que lo hiciese en su interior. Me dio un poco de apuro por que desconocía si ella tomaba anticonceptivos así que en el último momento me corrí justo en la entrada. Me quedé unos segundos con mi polla en su interior y una vez la saqué, salió a borbotones, una mezcla de nuestros fluidos que fue resbalando entre sus piernas. Cuando vi aquello, me lancé a chupar cada mililitro que evacuaba. Quise compartir con ella, nuestro producto y nos besamos salvajemente. Inmediatamente, para hacer tiempo mientras mi instrumento se recuperaba, empecé a recorrer cada cm cuadrado de su cuerpo, pegándole lametones y besuqueándolo por todos los sitios que encontraba, hasta que me dijo…

- ¿Repetimos?