Entré en la habitación y mis retinas tuvieron que acomodarse a la poca luz que había en su interior. Lo que tenía antes mis ojos no podía ser cierto. Pensaba que aquello era un sueño. Una tenue luz que llegaba a través de una pequeña ventana iluminaba cada centímetro de su cuerpo desnudo.
Desprendía una sensación de tranquilidad e inocencia, como jamás he vuelto a ver y toda la habitación estaba inundada por un aroma dulce, como si fuera de almendras. Tenía el pelo echado hacia un lado y su rostro quedaba oculto mirando en mi dirección opuesta.
Sus hombros eran de una fineza extrema y seguían con una espalda marcada por el arco central que se curvaba hacia el interior y llegaba a contactar con su culo, totalmente desnudo. La forma de su trasero era perfecto, formado por unas nalgas con volumen y redondas, sin embargo, al pasar suavemente mi dedo por encima pude notar cómo se mantenían duras.
Oía su respiración y quería que descansara tranquila. Dejé mi abrigo apoyado en la silla y me acerqué a ella sin hacer ruido. Podía notar como su cuerpo desprendía calor. Con mi dedo índice acaricié su cuerpo desde la nuca y bajando lentamente por el centro de su espalda…a media altura me detuve y empecé a dar círculos en sus omoplatos, continué bajando en línea recta y despegué el dedo en el punto dónde empieza su culo. Me lamí el dedo instintivamente. Me lamí los labios.
A continuación seguí el mismo recorrido que había hecho hacia unos segundos, a base de pequeños y continuados besitos a lo largo de todo su cuerpo. Durante todo el trayecto había dejado un rastro de mi saliva que brillaba con la luz exterior. Cuando llegué al inicio de su culo, deslicé suavemente mi lengua entre sus nalgas y fui bajando hasta que mi lengua no pudo acceder más adentro. De repente se estremeció un segundo y de su boca exhaló un suspiro. Me espanté pero aquella situación me encantaba.
Lentamente se dio la vuelta como en un gesto de dar permiso a su observador. Su rostro era de ángel, con unas cejas perfiladas, su nariz era larguita pero muy fina y mostraba unos labios carnosos increíbles. Además entre el labio superior y la nariz se le hacia un huequito que siempre me encantaba en todas las mujeres que había conocido.
Mi mirada siguió bajando y encontró unos pechos increíbles. Quizás no fueran los más grandes del mundo, pero personalmente siempre he preferido la calidad que la cantidad, en todos los ámbitos. Su forma me recordaba a dos peritas del campo y tenía unos pezones oscuros rodeados por un aureola pequeña concéntrica. No pude resistirme, cogí un dedo mojado con mi saliva y lo ubiqué en el borde entre su aureola y su pezón y empecé a dar círculos lentamente. Noté como se erguía su aureola, pellizqué su pezón y lo tire suavemente hacia arriba. Repetí el mismo procedimiento una vez más, el tamaño de su pezón se había duplicado. Me gustaba contemplar como aquellos pezones se ponían duros y su color se oscurecía y parecía que se convirtiesen en botones de algún aparato electrónico. Pulsé gradualmente aquel botón, cómo si algo mágico tuviera que suceder, hasta hundirlo por debajo de su pecho, y otra vez lo tiré hacia arriba.
El otro pezón, sintiendo que pronto le llegaría su hora, también se había erguido un poco antes de que lo tocase, y una vez lo hice, terminé chupeteando con mi boca aquel pezón. No quería despegarme de su cuerpo, así que fui dócilmente lamiendo todo el cuerpo hasta haber relamido los dos pezones.
Lentamente bajé por su vientre. Aquello era ilustre. Denotaba un vientre plano y marcado, que acababa con un monte de Venus sobresalido y unas ingles que marcaban la dirección de quienes habían tenido el placer de llegar hasta allí.
Tenía el pubis con pelitos cortitos que le daban un aire encantador. Sus labios mayores parecían hinchados y permitían entrever unos labios menores replegados hacia el interior. Había llegado la hora y ya no había vuelta atrás. Acerqué mis labios en su entrada. Estaba caliente.
Contacté con mi lengua la entrada y fui resiguiéndola hacia arribar y hacia abajo dejando un rastro de mi saliva. Saqué la lengua lo más que pude y la introduje ávidamente. La movía frenéticamente, en todas direcciones, haciendo círculos, penetrándola con mi lengua…
En este momento se despertó y sacó un chillido que resonó en la habitación. Con tal de silenciar aquel grito subí rápidamente y la besé en toda la boca de forma apasionada. Ella me correspondió y de repente empujó mi cabeza hacia abajo para que continuara con lo que estaba haciendo.
Volví a introducir la lengua y me situé en la parte superior de su entrada. No tarde en localizar su botoncito. Estaba escondido debajo de los labios menores y deseaba que alguien lo liberase. Con mis dedos bien mojados separé los labios superiores y a continuación con la ayuda de mi otra mano y desde el exterior, hice un poco de palanca para resaltar la ubicación de su clítoris. Lo tenía ante mis ojos, lo agarré suavemente con mis labios y con la punta de mi lengua, jugueteé con él dándole círculos, besitos…Su cuerpo y sus piernas se movían por la excitación al tiempo que decía palabras sordas que intuía quería que no parase.
Empecé a succionarlo vorazmente y en pocos segundos un calambre subió por todo su cuerpo, se endureció y a continuación exhaló un fuerte gemido. En seguida su cuerpo volvió a relajarse. Ahora reía sin parar.
Me acerqué hasta su carita. Sus ojos estaban húmedos y brillaban con una calidez especial. De repente una lagrimita corrió mejilla abajo, hasta que la cogí con mi lengua.
- Quiero sentirte en mi interior, me dijo.
Empecé a sacarme los pantalones y a continuación los bóxer que llevaba. En cuanto mi miembro sintió el aire exterior se desplegó rápidamente como si alguien tirara de él. Jamás había visto mi capullo tan hinchado y coloreado. Dispuse mi glande en la entrada de su coñito; estaba empapado. Empecé a jugar restregándolo arriba y abajo, por la entrada, presionando con la punta para que penetrase y sacándola suavemente. No tardé en introducir la puntita. Costó que entrara pero una vez lo hizo se desenvolvió con completa naturalidad.
Siempre he considerado mi polla más gruesa que larga. Creo que esto hace que todas mis relaciones sean más próximas e íntimas para los dos, ya que además de permitir una penetración más oprimida, también permite contactar todo mi pubis y abdomen con el cuerpo de la mujer y una sensación más cercana.
Al cabo de unos minutos penetrándole, me abalancé sobre sus pechos al tiempo que aceleraba las embestidas. Empecé a comerme sus tetas como si hiciera tiempo que no lo hiciera. Ella me agarraba todo el culo con mucha fuerza para sentirnos más unidos el uno al otro. Noté que no podía durar mucho más y le dije:
- Cariño, estoy a punto de correrme!
A lo que me respondió que quería que lo hiciese en su interior. Me dio un poco de apuro por que desconocía si ella tomaba anticonceptivos así que en el último momento me corrí justo en la entrada. Me quedé unos segundos con mi polla en su interior y una vez la saqué, salió a borbotones, una mezcla de nuestros fluidos que fue resbalando entre sus piernas. Cuando vi aquello, me lancé a chupar cada mililitro que evacuaba. Quise compartir con ella, nuestro producto y nos besamos salvajemente. Inmediatamente, para hacer tiempo mientras mi instrumento se recuperaba, empecé a recorrer cada cm cuadrado de su cuerpo, pegándole lametones y besuqueándolo por todos los sitios que encontraba, hasta que me dijo…
- ¿Repetimos?
Desprendía una sensación de tranquilidad e inocencia, como jamás he vuelto a ver y toda la habitación estaba inundada por un aroma dulce, como si fuera de almendras. Tenía el pelo echado hacia un lado y su rostro quedaba oculto mirando en mi dirección opuesta.
Sus hombros eran de una fineza extrema y seguían con una espalda marcada por el arco central que se curvaba hacia el interior y llegaba a contactar con su culo, totalmente desnudo. La forma de su trasero era perfecto, formado por unas nalgas con volumen y redondas, sin embargo, al pasar suavemente mi dedo por encima pude notar cómo se mantenían duras.
Oía su respiración y quería que descansara tranquila. Dejé mi abrigo apoyado en la silla y me acerqué a ella sin hacer ruido. Podía notar como su cuerpo desprendía calor. Con mi dedo índice acaricié su cuerpo desde la nuca y bajando lentamente por el centro de su espalda…a media altura me detuve y empecé a dar círculos en sus omoplatos, continué bajando en línea recta y despegué el dedo en el punto dónde empieza su culo. Me lamí el dedo instintivamente. Me lamí los labios.
A continuación seguí el mismo recorrido que había hecho hacia unos segundos, a base de pequeños y continuados besitos a lo largo de todo su cuerpo. Durante todo el trayecto había dejado un rastro de mi saliva que brillaba con la luz exterior. Cuando llegué al inicio de su culo, deslicé suavemente mi lengua entre sus nalgas y fui bajando hasta que mi lengua no pudo acceder más adentro. De repente se estremeció un segundo y de su boca exhaló un suspiro. Me espanté pero aquella situación me encantaba.
Lentamente se dio la vuelta como en un gesto de dar permiso a su observador. Su rostro era de ángel, con unas cejas perfiladas, su nariz era larguita pero muy fina y mostraba unos labios carnosos increíbles. Además entre el labio superior y la nariz se le hacia un huequito que siempre me encantaba en todas las mujeres que había conocido.
Mi mirada siguió bajando y encontró unos pechos increíbles. Quizás no fueran los más grandes del mundo, pero personalmente siempre he preferido la calidad que la cantidad, en todos los ámbitos. Su forma me recordaba a dos peritas del campo y tenía unos pezones oscuros rodeados por un aureola pequeña concéntrica. No pude resistirme, cogí un dedo mojado con mi saliva y lo ubiqué en el borde entre su aureola y su pezón y empecé a dar círculos lentamente. Noté como se erguía su aureola, pellizqué su pezón y lo tire suavemente hacia arriba. Repetí el mismo procedimiento una vez más, el tamaño de su pezón se había duplicado. Me gustaba contemplar como aquellos pezones se ponían duros y su color se oscurecía y parecía que se convirtiesen en botones de algún aparato electrónico. Pulsé gradualmente aquel botón, cómo si algo mágico tuviera que suceder, hasta hundirlo por debajo de su pecho, y otra vez lo tiré hacia arriba.
El otro pezón, sintiendo que pronto le llegaría su hora, también se había erguido un poco antes de que lo tocase, y una vez lo hice, terminé chupeteando con mi boca aquel pezón. No quería despegarme de su cuerpo, así que fui dócilmente lamiendo todo el cuerpo hasta haber relamido los dos pezones.
Lentamente bajé por su vientre. Aquello era ilustre. Denotaba un vientre plano y marcado, que acababa con un monte de Venus sobresalido y unas ingles que marcaban la dirección de quienes habían tenido el placer de llegar hasta allí.
Tenía el pubis con pelitos cortitos que le daban un aire encantador. Sus labios mayores parecían hinchados y permitían entrever unos labios menores replegados hacia el interior. Había llegado la hora y ya no había vuelta atrás. Acerqué mis labios en su entrada. Estaba caliente.
Contacté con mi lengua la entrada y fui resiguiéndola hacia arribar y hacia abajo dejando un rastro de mi saliva. Saqué la lengua lo más que pude y la introduje ávidamente. La movía frenéticamente, en todas direcciones, haciendo círculos, penetrándola con mi lengua…
En este momento se despertó y sacó un chillido que resonó en la habitación. Con tal de silenciar aquel grito subí rápidamente y la besé en toda la boca de forma apasionada. Ella me correspondió y de repente empujó mi cabeza hacia abajo para que continuara con lo que estaba haciendo.

Volví a introducir la lengua y me situé en la parte superior de su entrada. No tarde en localizar su botoncito. Estaba escondido debajo de los labios menores y deseaba que alguien lo liberase. Con mis dedos bien mojados separé los labios superiores y a continuación con la ayuda de mi otra mano y desde el exterior, hice un poco de palanca para resaltar la ubicación de su clítoris. Lo tenía ante mis ojos, lo agarré suavemente con mis labios y con la punta de mi lengua, jugueteé con él dándole círculos, besitos…Su cuerpo y sus piernas se movían por la excitación al tiempo que decía palabras sordas que intuía quería que no parase.
Empecé a succionarlo vorazmente y en pocos segundos un calambre subió por todo su cuerpo, se endureció y a continuación exhaló un fuerte gemido. En seguida su cuerpo volvió a relajarse. Ahora reía sin parar.
Me acerqué hasta su carita. Sus ojos estaban húmedos y brillaban con una calidez especial. De repente una lagrimita corrió mejilla abajo, hasta que la cogí con mi lengua.
- Quiero sentirte en mi interior, me dijo.
Empecé a sacarme los pantalones y a continuación los bóxer que llevaba. En cuanto mi miembro sintió el aire exterior se desplegó rápidamente como si alguien tirara de él. Jamás había visto mi capullo tan hinchado y coloreado. Dispuse mi glande en la entrada de su coñito; estaba empapado. Empecé a jugar restregándolo arriba y abajo, por la entrada, presionando con la punta para que penetrase y sacándola suavemente. No tardé en introducir la puntita. Costó que entrara pero una vez lo hizo se desenvolvió con completa naturalidad.
Siempre he considerado mi polla más gruesa que larga. Creo que esto hace que todas mis relaciones sean más próximas e íntimas para los dos, ya que además de permitir una penetración más oprimida, también permite contactar todo mi pubis y abdomen con el cuerpo de la mujer y una sensación más cercana.
Al cabo de unos minutos penetrándole, me abalancé sobre sus pechos al tiempo que aceleraba las embestidas. Empecé a comerme sus tetas como si hiciera tiempo que no lo hiciera. Ella me agarraba todo el culo con mucha fuerza para sentirnos más unidos el uno al otro. Noté que no podía durar mucho más y le dije:
- Cariño, estoy a punto de correrme!
A lo que me respondió que quería que lo hiciese en su interior. Me dio un poco de apuro por que desconocía si ella tomaba anticonceptivos así que en el último momento me corrí justo en la entrada. Me quedé unos segundos con mi polla en su interior y una vez la saqué, salió a borbotones, una mezcla de nuestros fluidos que fue resbalando entre sus piernas. Cuando vi aquello, me lancé a chupar cada mililitro que evacuaba. Quise compartir con ella, nuestro producto y nos besamos salvajemente. Inmediatamente, para hacer tiempo mientras mi instrumento se recuperaba, empecé a recorrer cada cm cuadrado de su cuerpo, pegándole lametones y besuqueándolo por todos los sitios que encontraba, hasta que me dijo…
- ¿Repetimos?
