jueves, 12 de febrero de 2009

Era ella...


Entré en la habitación y mis retinas tuvieron que acomodarse a la poca luz que había en su interior. Lo que tenía antes mis ojos no podía ser cierto. Pensaba que aquello era un sueño. Una tenue luz que llegaba a través de una pequeña ventana iluminaba cada centímetro de su cuerpo desnudo.

Desprendía una sensación de tranquilidad e inocencia, como jamás he vuelto a ver y toda la habitación estaba inundada por un aroma dulce, como si fuera de almendras. Tenía el pelo echado hacia un lado y su rostro quedaba oculto mirando en mi dirección opuesta.

Sus hombros eran de una fineza extrema y seguían con una espalda marcada por el arco central que se curvaba hacia el interior y llegaba a contactar con su culo, totalmente desnudo. La forma de su trasero era perfecto, formado por unas nalgas con volumen y redondas, sin embargo, al pasar suavemente mi dedo por encima pude notar cómo se mantenían duras.

Oía su respiración y quería que descansara tranquila. Dejé mi abrigo apoyado en la silla y me acerqué a ella sin hacer ruido. Podía notar como su cuerpo desprendía calor. Con mi dedo índice acaricié su cuerpo desde la nuca y bajando lentamente por el centro de su espalda…a media altura me detuve y empecé a dar círculos en sus omoplatos, continué bajando en línea recta y despegué el dedo en el punto dónde empieza su culo. Me lamí el dedo instintivamente. Me lamí los labios.

A continuación seguí el mismo recorrido que había hecho hacia unos segundos, a base de pequeños y continuados besitos a lo largo de todo su cuerpo. Durante todo el trayecto había dejado un rastro de mi saliva que brillaba con la luz exterior. Cuando llegué al inicio de su culo, deslicé suavemente mi lengua entre sus nalgas y fui bajando hasta que mi lengua no pudo acceder más adentro. De repente se estremeció un segundo y de su boca exhaló un suspiro. Me espanté pero aquella situación me encantaba.

Lentamente se dio la vuelta como en un gesto de dar permiso a su observador. Su rostro era de ángel, con unas cejas perfiladas, su nariz era larguita pero muy fina y mostraba unos labios carnosos increíbles. Además entre el labio superior y la nariz se le hacia un huequito que siempre me encantaba en todas las mujeres que había conocido.

Mi mirada siguió bajando y encontró unos pechos increíbles. Quizás no fueran los más grandes del mundo, pero personalmente siempre he preferido la calidad que la cantidad, en todos los ámbitos. Su forma me recordaba a dos peritas del campo y tenía unos pezones oscuros rodeados por un aureola pequeña concéntrica. No pude resistirme, cogí un dedo mojado con mi saliva y lo ubiqué en el borde entre su aureola y su pezón y empecé a dar círculos lentamente. Noté como se erguía su aureola, pellizqué su pezón y lo tire suavemente hacia arriba. Repetí el mismo procedimiento una vez más, el tamaño de su pezón se había duplicado. Me gustaba contemplar como aquellos pezones se ponían duros y su color se oscurecía y parecía que se convirtiesen en botones de algún aparato electrónico. Pulsé gradualmente aquel botón, cómo si algo mágico tuviera que suceder, hasta hundirlo por debajo de su pecho, y otra vez lo tiré hacia arriba.

El otro pezón, sintiendo que pronto le llegaría su hora, también se había erguido un poco antes de que lo tocase, y una vez lo hice, terminé chupeteando con mi boca aquel pezón. No quería despegarme de su cuerpo, así que fui dócilmente lamiendo todo el cuerpo hasta haber relamido los dos pezones.

Lentamente bajé por su vientre. Aquello era ilustre. Denotaba un vientre plano y marcado, que acababa con un monte de Venus sobresalido y unas ingles que marcaban la dirección de quienes habían tenido el placer de llegar hasta allí.

Tenía el pubis con pelitos cortitos que le daban un aire encantador. Sus labios mayores parecían hinchados y permitían entrever unos labios menores replegados hacia el interior. Había llegado la hora y ya no había vuelta atrás. Acerqué mis labios en su entrada. Estaba caliente.

Contacté con mi lengua la entrada y fui resiguiéndola hacia arribar y hacia abajo dejando un rastro de mi saliva. Saqué la lengua lo más que pude y la introduje ávidamente. La movía frenéticamente, en todas direcciones, haciendo círculos, penetrándola con mi lengua…

En este momento se despertó y sacó un chillido que resonó en la habitación. Con tal de silenciar aquel grito subí rápidamente y la besé en toda la boca de forma apasionada. Ella me correspondió y de repente empujó mi cabeza hacia abajo para que continuara con lo que estaba haciendo.

Volví a introducir la lengua y me situé en la parte superior de su entrada. No tarde en localizar su botoncito. Estaba escondido debajo de los labios menores y deseaba que alguien lo liberase. Con mis dedos bien mojados separé los labios superiores y a continuación con la ayuda de mi otra mano y desde el exterior, hice un poco de palanca para resaltar la ubicación de su clítoris. Lo tenía ante mis ojos, lo agarré suavemente con mis labios y con la punta de mi lengua, jugueteé con él dándole círculos, besitos…Su cuerpo y sus piernas se movían por la excitación al tiempo que decía palabras sordas que intuía quería que no parase.

Empecé a succionarlo vorazmente y en pocos segundos un calambre subió por todo su cuerpo, se endureció y a continuación exhaló un fuerte gemido. En seguida su cuerpo volvió a relajarse. Ahora reía sin parar.

Me acerqué hasta su carita. Sus ojos estaban húmedos y brillaban con una calidez especial. De repente una lagrimita corrió mejilla abajo, hasta que la cogí con mi lengua.

- Quiero sentirte en mi interior, me dijo.

Empecé a sacarme los pantalones y a continuación los bóxer que llevaba. En cuanto mi miembro sintió el aire exterior se desplegó rápidamente como si alguien tirara de él. Jamás había visto mi capullo tan hinchado y coloreado. Dispuse mi glande en la entrada de su coñito; estaba empapado. Empecé a jugar restregándolo arriba y abajo, por la entrada, presionando con la punta para que penetrase y sacándola suavemente. No tardé en introducir la puntita. Costó que entrara pero una vez lo hizo se desenvolvió con completa naturalidad.

Siempre he considerado mi polla más gruesa que larga. Creo que esto hace que todas mis relaciones sean más próximas e íntimas para los dos, ya que además de permitir una penetración más oprimida, también permite contactar todo mi pubis y abdomen con el cuerpo de la mujer y una sensación más cercana.

Al cabo de unos minutos penetrándole, me abalancé sobre sus pechos al tiempo que aceleraba las embestidas. Empecé a comerme sus tetas como si hiciera tiempo que no lo hiciera. Ella me agarraba todo el culo con mucha fuerza para sentirnos más unidos el uno al otro. Noté que no podía durar mucho más y le dije:

- Cariño, estoy a punto de correrme!

A lo que me respondió que quería que lo hiciese en su interior. Me dio un poco de apuro por que desconocía si ella tomaba anticonceptivos así que en el último momento me corrí justo en la entrada. Me quedé unos segundos con mi polla en su interior y una vez la saqué, salió a borbotones, una mezcla de nuestros fluidos que fue resbalando entre sus piernas. Cuando vi aquello, me lancé a chupar cada mililitro que evacuaba. Quise compartir con ella, nuestro producto y nos besamos salvajemente. Inmediatamente, para hacer tiempo mientras mi instrumento se recuperaba, empecé a recorrer cada cm cuadrado de su cuerpo, pegándole lametones y besuqueándolo por todos los sitios que encontraba, hasta que me dijo…

- ¿Repetimos?

martes, 10 de febrero de 2009

Mi Primera vez I



Habíamos terminado bachillerato a finales de junio, y con él se nos cerraba una etapa. Disponíamos de unos días de vacaciones y decidimos montar un viaje con los amigos, nuestro destino: Ibiza.

Al final éramos seis, tres chicas y tres chicos. El apartamento, tenía tres dormitorios dobles, una cocina-comedor con barra americana y un lavabo nada despreciable. Además teníamos acceso a una piscina comunitaria que podíamos usar a nuestro antojo sin que nadie nos molestara.

Una vez llegamos y dejamos las maletas, surgió el primer problema; ¿cómo nos distribuiríamos en los dormitorios? Lógicamente éramos seis y una pareja de sexos opuestos, tendría que compartir una habitación y su cama de matrimonio; Karina y yo decidimos dormir en la misma habitación ya que nos conocíamos desde P4 y ambos conocíamos todos nuestros secretos.

Subimos a la habitación y decidimos ubicarnos un poco. Debo admitir que a pesar de todo, estaba un poco nervioso, y es que jamás había dormido con Karina, y era conocido su carácter alocado.

Cenamos en el sofá y una vez terminamos decidimos jugar un poco a cartas. Se hizo bastante tarde y nuestros amigos decidieron ir a acostarse. Yo no tenía mucho sueño y por lo que noté Karina tampoco, aún así fuimos a nuestra habitación y estuvimos hablando un buen rato.

Debo admitir que siempre me sentí atraído por ella, y es que era la chica más dulce que conocía. Tenía una mirada cautivadora y cuando sus cabellos revoloteaban al viento, notaba como se me aceleraba el pulso. Era de estatura normal y tenía un cuerpo muy bien formado: con unas piernas finas y unas curvas que volvía locos a todos los chicos de nuestra clase.

De repente karina se puso de pie y se fue a mirar por la ventana. Al exterior se podía ver el agua de la piscina y todo su contorno iluminado por unas velas, de pronto me dijo:

- Vayamos a la piscina!

No sabía que responder, ya que eran más de las dos de la madrugada, pero me miró con aquella carita y no pude resistirme. Bajamos sin hacer ruido para no levantar sospechas y nos tiramos en unas tumbonas que había al lado de la piscina.

Karina llevaba unos shorts muy apretaditos que le marcaban una silueta encantadora y una blusa de color blanco que dejaba volar la imaginación de quienes la veían.

Seguimos hablando y al poco tiempoa se levantó y se acercó al lado de la piscina. Con un movimiento rápido se sacó un zapato y con suma delicadeza tocó el agua con los dedos de su pie. No sé, como lo hacía pero conseguía excitarme con el más suave movimiento, estaba pensando sobre esto cuando de repente me llamó para que me acercara a su lado y cuando lo hice me empujó hacia dentro de la piscina.

Caí dentro y ella no podía parar de reír…El agua estaba calentita debido al sol que había estado pegándole durante todo el día. En un descuido por su parte, la cogí por los tobillos y la lleve conmigo al agua, dio un grito sordo y se fue debajo del agua. En seguida salió a flote y la imagen que pude ver me provocó un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. A continuación una notable erección.

Tenía los labios hinchados y todos los cabellos mojados, como salida de un anuncio de champús para el pelo. De repente pude ver como su blusa transparentaba todo lo que había debajo y ví por primera vez, sus pezones. Su aureola era pequeñita y oscura y sus pezones estaban erectos como si fueran dos botones.

Ella se dio cuenta de la situación y su cara empezó a colorearse. Le dije que no tenía porque avergonzarse, que aquello era algo natural y que además ya había visto otros pezones en revistas de mujeres desnudas con mis amigos.

Me dijo que aquello era totalmente distinto y se me acercó nadando lentamente hasta que estuvimos uno frente al otro. Sin pensarlo, le saqué un fleco de cabellos mojados que le cruzaba por la cara y empezamos a besarnos desbocados, seducidos por la situación en que nos encontrábamos.

Aquel beso, fue mi primer beso, y seguro que no fue el mejor, pero sí el más puro. En aquel momento los dos seguíamos nuestros instintos y dejábamos atrás todos los días que habíamos compartido juntos, sin atrevernos a dar el primer paso. Nos fundimos en un apasionado beso que hizo que perdiéramos la noción del tiempo, y del espacio.

Sentí como su lengua quería hacerse dueña de mi boca y me fundí con ella, su saliva se mezclaba con la mía haciéndome sentir cada milímetro de su boca, rozaba mi lengua con la punta de la suya, consiguiendo así excitarme por segundos. Acerqué todo mi cuerpo al suyo y notó la dureza de mi erección.

A través de su camiseta mojada se adivinaban sus pechos y unos pezones duros y puntiagudos a causa de su excitación.

La llevé hacia la orilla y la tumbé. El agua mojaba sus muslos y de vez en cuando su culito. Desabroché su pantalón y se lo quité. Su ropa interior estaba mojada por el agua de la piscina y por la excitación de los dos. Además dejaba entrever un coñito depiladito con una fina rallita de pelo muy provocativa.

Le saqué la ropa interior y me abalancé a comerme su conejito como si tuviera miedo que alguien me lo robase. Introduje mi lengua dentro de su sexo, haciéndola gozar de placer al tiempo que ella arqueaba todo su cuerpo. Me entretuve con su clítoris, mordisqueándolo y notando como se iba hinchando lentamente al tiempo que metía uno de mis dedos en su agujerito.

- Como sigas así vas a hacer que me corra, dijo ella.

- Córrete por favor, córrete, quiero todos tus jugos en mi boca.

- Para, no sigas, aún no me quiero correr.

Le hice caso omiso, y seguí comiéndole el coño cada vez con más ganas.

- Ahhhhhhhhhh yaaa uffffff.

Un orgasmo recorrió todo su cuerpo haciéndole volver loca de placer. Su cuerpo se endureció y quedó paralizada durante unos segundos.

En unos segundos subió hasta mi boca y me besó desesperadamente, como queriendo compartir conmigo los jugos que había recogido de su coño empapado.

Yo no podía más, estaba súper excitado, esa comida de coño había hecho aflorar lo más vicioso de mí, adoro el sexo pero con Karina aún no me atrevía a comportarme como realmente soy, un vicioso.

A continuación me hizo tumbarme y se subió sobre mí, dejando así que su coñito jugara con mi pene. Empezó a besarme. Era un beso lascivo, queriendo decir, nene aún no sabes de lo que soy capaz, poco a poco fue bajando y se metió en la boca uno de mis pezones acariciándolo con su lengua, mordisqueándolo…

Se deslizó por mi pecho lamiéndolo, besándolo, después por mis abdominales ummm, firmes y duros como mi pene, estaba deseoso de una buena mamada.

- Cométela...

Toda traviesa bajó hasta mis muslos, los besó y siguió chupándolos, yo ya no aguantaba más, y ella quería tenerme bien caliente, antes de mamármela.

Pasó su lengua por uno de mis testículos, me estremecí, después por el otro, así poco a poco, suavemente.

Se dirigió después a mi glande, estaba muy hinchado y colorado. Jugaba con él rozándome con la punta de su lengua por toda mi superficie.

- Métetela en la boca, no aguanto más. (Le decía todo excitado)

Abrió la boca todo lo que pudo y de un solo golpe se metió toda mi polla. Quería saborearla y la quería toda para ella sola. No pude evitar, y solté un leve gemido. Era la primera vez que una chica me la comía y estaba en una burbuja de placer.

Su boca se había vuelto loca, subía y bajaba aprisionando mi mástil, mientras su lengua continua jugueteando con mi capullo y chupaba las gotitas de semen caliente que salían de él. Ese sabor le apasionaba y quería más.

Yo estaba a punto de correrme.

- Quiero que te corras en mi boca. (Me dijo)

- ¿De verdad?

- Si quiero toda tu leche.

Siguió mamándomela como si estuviera poseída. Llevé mi mano hasta su coñito, que aún estaba empapado, me lamí un par de dedos y los moje en esos jugos que hacían que su coño aún estuviera caliente.

Después con los dedos bien empapados de su néctar comencé a masajear su culo, sus caderas, sus pechos…

- Quiero que te corras, quiero toda tu leche en mi boca, decía...

- No puedo más me voy a correr.

Al oír esto su boca no paró ni un segundo y comenzó un ritmo frenético, yo no podía más, cada vez se comía mi polla con más ansias, seguía… ya no pararía hasta hacerme correr, quería mi leche y la quería ya.

- Ahhhh, yaaaaa! Uhhhh!

Un golpe de leche caliente sacudió su boca, no pudo tragarla toda y tuvo que entreabrir sus labios y dejar caer un poco, haciendo así que terminara mi corrida en su cara, mi leche caliente caía por sus mejillas hasta su cuello… uff fue maravilloso pero… ambos nos quedamos con ganas de más, quién sabe… toda una semana juntos daría para mucho…