domingo, 8 de marzo de 2009

Mi primera vez (II)

Sonó el despertador y abrí los ojos. Eran la nueve de la mañana y me encontraba en la cama nuestra habitación. A mi lado, Karina seguía durmiendo. Estuve reflexionando acerca de lo sucedido hacía unas pocas horas. No podía creerme que aquello había sucedido. Y en caso de ser cierto, no sabía si habíamos hecho lo correcto.

De repente se despertó Karina y me dio los buenos días con una sonrisa pícara y un besito en la boca. Al parecer ella, lo tenía mucho más claro y no tenía estos problemas. Salió de entre las sábanas y se levantó. Estaba completamente desnuda y yo no me había dado cuenta hasta ahora.
Pasó moviendo su cinturita de lado a lado y se dirigió al lavabo que teníamos en la habitación, antes de entrar se giró harmónicamente y me echó una mirada sagaz. Aunque no la veía, podía imaginar todos los pasos que hacía: levantaba la tapa del aseo, se sentaba, cruzaba sus pies y se ponía a orinar de la forma más inocente que existía. Me excitaba con tan sólo imaginármelo.

En el momento que salió del baño, yo me encontraba sentado al borde de la cama y a punto de ponerme los bóxer. Aunque disimuló muy bien, hizo una mirada disimulada a mi instrumento; siempre he considerado que no es exageradamente largo, pero tiene un grosor nada despreciable, y debido al poco tiempo que hacía que estaba en la cama, sus medidas impactaban más. Volvió a soltar una risita y me dijo:

- Nuestros amigos ya estarán preparados para ir a la playa, ¿bajamos?

Me puse de pie y seguí su iniciativa. Pensé que aquel día sería altamente concentrado a base de risitas y miraditas por su parte. No me desagradaba, pero tampoco quería que mis compañeros se enteraran de lo ocurrido anoche, no tenía ningún motivo concreto, pero siempre he sido cauto en dar explicaciones y alardear en estos temas.

Llegamos a la playa y nos dispusimos a buscar unos metros de arena, donde extender las toallas, era difícil. Por casualidades de la vida…Karina se ubicó a mi lado y me pidió que le ayudara a extender su toalla, ya que hacía un poco de viento y si no se le llenaba de arena.

Karina, se sacó la camiseta y sus pantalones y dejó ver su diminuto bikini. Era de color blanco con los bordes negros. Se estiró en la toalla boca abajo y me pidió que le desabrochara su bikini para que se pusiera toda su espalda morenita. Las chicas empezaron a ponerse cremas bronceadoras y mis amigos y yo fuimos a jugar al agua con un balón hinchable.

Al cabo de un rato volvimos y ellas estaban estiradas boca arriba y Karina se había puesto a hacer topless. Mis amigos se quedaron alucinados y una vez estuvieron sentados en sus toallas, iban lanzando miradas furtivas y risita descontroladas. Karina se dio cuenta de la situación y sabía también que yo estaba al quite. Sin embargo nunca me he considerado celoso, por lo que en una situación inversa, haría lo mismo que mis amigos. Seguramente Karina provocó la situación para probarme, ya que durante el resto de días ya no volvió a hacerlo, pero no me desagradó.

El día pasó sin más, comimos en un chiringuito de playa y por la tarde continuamos en la playa. Cuando llegamos al apartamento, nos dispersamos cada pareja en la habitación para ducharnos y sacarnos toda la arena del cuerpo.

Karina fue subiendo en la habitación y yo me quedé unos minutos hablando con mis amigos acerca de lo que podríamos hacer por la noche.

Cuando subí a la habitación y crucé la puerta me encontré con Karina desnuda frente a mí:

- Que ha…

Se arrojó encima de mí y la puerta se cerró a mis espaldas. Empezó a besarme apasionadamente y yo le correspondí con el mismo trato. Me mordisqueaba y besuqueaba el cuello, las orejas y me susurraba palabras inteligibles al oído; creo que el hecho que no entendiera lo que me dijera me ponía más caliente, aunque sin palabras ambos sabíamos que nos habíamos estado deseando durante todo el día, y ahora teníamos un poco de intimidad para los dos.


Fuimos balanceándonos torpemente hasta el aseo y por el camino fui dejando por dónde pude la camiseta y el bañador. Nos pusimos debajo de la ducha y seguimos besándonos desenfrenadamente. Encendimos el agua y pude volver a ver su piel toda impregnada por las gotitas de agua que resbalaban debido a la crema solar que aún llevaba. Recordé lo que había sucedido el día anterior y tuve una erección incontrolable. Karina se rió y abrazó fuertemente su cuerpo contra el mío. Quería notar cómo mi tirantez se restregaba por su cuerpo. Seguimos besándonos y lentamente fui bajando..., besando su mentón, siguiendo por su clavícula, sus finos brazos…y llegué a sus pechos. Me encantaban su textura, lamerlos mordisquear sus pezones y notar como subían de tono y se ponían duros. Cuando le sorbía sus pezones, conseguir succionarle toda la zona y llenaba mi boca con agua al tiempo que le dejaba la piel seca.

Al cabo de unos minutos seguí bajando por su cuerpo lentamente hasta su barriguita…y luego llegué a su coñito. Iba chupeteándole alrededor de su rajita y instintivamente introducía la punta de mi lengua en su rajita, arriba y hacia abajo y volvía a besuquearla por fuera, encima de su coñito, el interior de sus muslos…y volvía a su coñito.

Karina me tiró hacía arriba y nos besamos al tiempo que deslizaba una mano por su cintura abajo…hasta llegar a su coñito y empecé a acariciarlo por fuera y hacerles cosquillas con la yema de los dedos índice y corazón. Introduje un dedo en su interior y fui suavemente dando círculos y penetrándola como si mi mano no fuera conmigo. Luego introduje otro dedo y seguí con mi rutina hasta que soltó un gemido que aplaqué con un beso. Me abrazó. Noté cómo mi polla chocaba contra su cuerpo. La tenía dura y apuntaba hacia arriba, a la expectativa de lo que iba a suceder. El glande estaba hinchado, todo terso y con un color rojo intenso.

La apreté fuerte y la cogí en brazos para dirigirnos hasta la cama y me dejé caer encima. Por inercia ella quedó encima de mí, me hizo un mirada lasciva y fue lamiéndome todo el torso hasta llegar a mis genitales. Me tiró la polla hacia arriba y empezó a lamerme el espacio entre los testículos muy lentamente, bajando hasta el inicio de mi ano. Volvió a subir y se introdujo uno de ellos en su boca. Luego el otro y subió hasta la punta para lamerla. Iba haciendo circulitos y lamiéndome con su puntita, de repente empezaba a besarme todo el tronco y volvía a subir. De repente se sentó encima de mi cuerpo, pasó una pierna por cada lado y empezó a frotar su chochete contra el tronco de mi pene. Me encantaba esta sensación y notar como su calor se transmitía hasta mi miembro. Había llegado la hora.

Se levantó levemente, cogió mi polla y la situó en la entrada de su vagina. Al principio parecía que no entraba hasta que fue flexionando las piernas y bajando su cintura paulatinamente. Podía ver como mi glande desaparecía de mi vista y a continuación lo hacía todo el cuerpo de mi pene hasta llegar a su base. Siempre había soñando con aquel momento. Todo mi mundo se concentró en aquel instante y podía notar la calidez y la dulzura que me envolvía. Los dos entregados, uno al otro.

Karina me agarró por el cuello y estrechó su pecho contra mi cuerpo. Entonces levanté las caderas lentamente e inicié un juego de caderas como había visto en tantísimas películas. Subía y bajaba lentamente y podía notar como mi pene entraba y salía de su interior. Fui aumentando la frecuencia mecánicamente; nuestra respiración se entrecortaba y nos besábamos salvajemente. Sabía que si seguía aquel ritmo no iba a durar mucho más, así que aprovechamos para cambiar de posición. Karina se recostó bocarriba en la cama, y yo me lamí un dedo y seguí penetrándola sin cesar. Añadí otro dedo e iba dibujando círculos en su interior intercalándolos con una frenética penetración.

-Me voy a correr!

Al oír esto, aceleré mis maniobras hasta que su musculatura se endureció, arqueó la espalda y arrojó un grito:

-MMMhhaaaaahhh…

Sus ojos se humedecieron y empezó a reír. Nos besamos al tiempo que deslice mi mano por debajo de su cuerpo. Sus pezones estaban erguidos y colorados y yo me moría por acariciarlos, juguetear con la yema de mis dedos y lamerlos y succionarlos sin parar.

Volví a bajar hasta su coño, estaba enrojecido e hinchado y las feromonas que desprendía sólo hacían que aumentar mi excitación. Podía ver su inflado clítoris a simple vista por lo que me acerqué a él, y con la ayuda de mis dedos separé sus labios y lo capture con los míos. Con la punta de la lengua humedecí su territorio y empecé a succionarlo al tiempo que volvía a introducir dos de mis dedos en su vagina e inicié una penetración más pausada pero más sensitiva. Ella se retorcía por la cama y sus dedos se enredaban en mi cabeza. Su coñito emanó un líquido transparente y semiviscoso que recogí con la boca y otro orgasmo recorrió todo su cuerpo desde su coño hasta su espalda.

Nos abrazamos y besamos y a continuación levanté sus piernas hacía arriba y me dispuse a introducir la punta de mi miembro en su interior. Esta vez entró por inercia, inicié un bombeo continuado y ella me agarró fuerte por el culo y dijo:

- Córrete dentro, ya!

A lo que obedecí al momento. Noté una convulsión en mis testículos e inundé todo su coñito con mi corrida. Me quedé unos segundos con mi polla en su interior. Cuando la retiré, salió expelido una mezcla de nuestros fluidos que mojé con la yema de mi índice y dibujé un corazón alrededor de su pezón. Con mis manos acaricié sus mejillas y nos besamos dulcemente.