domingo, 28 de febrero de 2010

Viaje (Primer dia)

Después de muchos meses deseando poder encontrarnos al final llegó el momento. Ella vendría a mi ciudad y durante las próximas dos semanas se alojaría en mi piso.

La fui a buscar al aeropuerto. La encontré en medio de la terminal con su maleta, la vi muy joven con ganas de desplegar las alas y emprender su propio camino. De pie, la cogí de la mano y le hice un besito en la mejilla.

Cogimos el equipaje y fuimos a pedir un taxi. Detrás del taxi empezamos a abrirnos mutuamente. Ella me contaba todas las cosas que le habían ocurrido desde que dejó su casa y yo escuchaba atentamente cada palabra que me decía. Sus palabras sonaban de una forma dulce en mi cabeza.
Pude oler el aroma que desprendía su cuerpo y ver la forma en que le brillaban sus ojos. Llevado por mis impulsos, puse mi mano en su rodilla y fui acariciándole lentamente su pierna. Acerqué mi nariz a su cuello y aspiré su fragancia. Empecé a besarle detrás del cuello y fui avanzando por detrás de su oreja, por su mejilla, su mentón…hasta que nuestros labios se encontraron. Nunca antes había tenido ninguna sensación parecida a aquellos besos. Eran unos besos inocentes y a la vez sensuales que no hacían más que aumentar nuestro deseo.

Mis manos recorrían su vientre por debajo de la camiseta queriendo acariciar aquel cuerpo con el que tantas noches había soñado. Ella introdujo sus manos por detrás de mí y empezaba a acariciarme la espalda.

De repente, el taxi de detuvo. Habíamos llegado.

Nada más llegar al piso, nos dirigimos a mi dormitorio. Dejamos la maleta al suelo y nos estiramos en la cama. A pesar de las ansias que tenemos los dos, ella ha recorrido un largo camino para encontrarnos y está agotada.

Nuestras manos recorren cada centímetro de nuestros cuerpos. Jugando a encontrarnos, estremeciéndonos. Lentamente nos quitamos la camiseta y los pantalones, hasta quedarnos en ropa interior. Su conjunto de encaje negro resalta un cuerpo exótico irresistible.

Empiezo a besarle las mejillas. Besos lentos, calientes, dirigiéndome hacia su mentón. Nuestros labios se encuentran. Se adaptan a la perfección y empezamos a besarnos lentamente. Al principio parecen besos tímidos de adolescente hasta que en nuestros cuerpos se nos activa algo y empezamos a comernos la boca de forma salvaje.

Mis manos acarician sus caderas y se deslizan hacia sus glúteos. Mientras tanto, ella se ha desabrochado el sujetador, aunque sigue cubriendo sus pechos. Mi boca se desliza entre besos y lametones por su mentón, bajando lentamente por el lateral de su cuello. Cierra los ojos. Puedo notar cómo se abren todos sus poros y su respiración se vuelve entrecortada.
Empiezo a lamer suavemente su cuello hasta llegar a la escotadura yugular. El aroma que desprende su cuerpo inunda mi cerebro produciéndome un estado de excitación difícil de contener. Mis manos empiezan a acariciar sus tetas desde los laterales hacia la zona interior. Lentamente retiro el sujetador y observo sus hermosos pechos. Tienen un tamaño perfecto que me permiten cubrirlos con mis manos.
Poseen un tacto increíble y una consistencia que los hace deliciosos. Sus pezones,..

Con las yemas de mis dedos empiezo a dibujar círculos por encima de su aureola rodeando sus pezones. Suavemente los giro, los pellizco, los retuerzo. Se endurecen, aumentan de volumen y se vuelven más oscuros. Me encanta sentir como le gusta que le preste atención a sus pechos.

Acerco mi cara a sus pechos, su olor me cautiva. Pequeñas lamiditas recorren lentamente la piel de sus pechos. Besos suaves rodean sus tetas dirigiéndose hacia el centro hasta que la punta de mi lengua roza uno de sus pezones. Juega con él. Los asedio por todos los lados, les hago cosquillas hasta que noto que están a punto de reventar. Los succiono mientras comprimo sus tetas entre mis manos. Me gusta mirarle a la cara mientras se lo hago, tanto para poder ver su carita de placer, cómo ella la mía de vicio.

Su cuerpo tiembla un poco y su piel se eriza por la excitación. Acaricio su cuerpo cálidamente. Su vientre, sus piernas…me desplazo por el interior de sus muslos y acaricio su coño por encima de su braguita. Está ardiendo y empapado. Acerco mi nariz y aspiro el olor a su sexo. Mi corazón responde bombeando más sangre hacia mi polla. Puedo notar cómo crece por completo debajo de mi bóxer, pero de momento seguirá en su sitio.

Retiro su ropa interior deslizándola entre sus piernas. Finalmente puedo ver su chocho. Lo tiene rojito y hinchado por la excitación. Suavemente le beso el monte de Venus y lamo toda su rajita. Me encanta su sabor. Beso el interior de sus muslos y desciendo por sus piernas hasta sus pies.

Delicados y suaves, me encanta la forma tan femenina que tienen. Los huelo, acaricio mi cara con ellos, para impregnarme de ella. Los beso desde los tobillos hasta sus dedos. Relamo y succiono cada dedito de su pie, me encanta mirarle a los ojos mientras le como sus pies. Mientras los hago, le doblo las piernas un poco para que se abra su coñito y protruya.

Abro tu coño entre mis dedos índice y medio. Me encanta ver la diferencia de color que hay entre tu piel morenita y el rojo de tus pliegues. Lo tienes estrechito y tus labios menores sobresalen a los mayores invitándome a hurgar en él. Mientras localizo tu clítoris con mi lengua, me lamo un dedo y lo introduzco lentamente en tu vagina. Empiezas a emitir gemidos y suspiros.

Puedo notar lo caliente y húmeda que estás. Voy acelerando las penetraciones y con mi dedo dibujo círculos en tu interior dilatándote poco a poco la vagina. Nuestro deseo nos supera. Introduzco un segundo dedo en tu sexo. Me gritas mientras te acaricias los pechos. Estas temblando. Aumento la velocidad de mis dedos hasta que siento como contraes los músculos, arqueas tu cuerpo y gritas. Te rompes en mil pedazos y un orgasmo recorre tu columna vertebral desde tu coño hasta tu cerebro. Quedas en un estado de relajación y una sonrisa permanente en los labios.

- Bienvenida!

Me lamo los dedos y nos besamos. Aunque haces esfuerzos, tus ojitos se cierran lentamente. A pesar del deseo que me provocas, prefiero que descanses unas horas. Mientras tanto prepararé algo para comer y acondicionaré el baño para cuando te despiertes. Te beso en la frente y me quedo observando cómo te duermes.