sábado 7 de mayo de 2011

Bajo la luna llena

Anoche tuve un sueño...

Era una noche especial, de esas que solo ocurren una vez cada 28 días. Estábamos solos en un palacio antiguo que se ocultaba al interior de un bosque alejado de la ciudad.

La habitación que quedaba en el ala norte de aquella construcción era redonda y su techo tenía una altura de unos 5 metros. Un gran ventanal en un lateral permitía observar la arboleda que rodeaba la mansión. Dentro no había ningún sistema de luces, por lo que la única iluminación que recibíamos era la que llegaba del exterior.

En el centro de la estancia había una gran cama de piel de color blanco y de geometría circular y en ella reposábamos semidesnudos los dos. Justo encima de la cama había un ventanal redondo de gran tamaño, por el que se colaban los últimos rayos de luz del día.

Apenas se oía algún ruido procedente del exterior y a medida que pasaba el tiempo, la luz iba atenuándose de forma gradual.

Nuestros cuerpos iban activándose lentamente, mis dedos recorrían tu cuerpo y los tuyos hacían lo mismo con el mío. Empezamos a besarnos suavemente, y poco a pocos nuestros caricias iban haciéndose más profundas y calientes.


El Sol había desaparecido casi por completo y empezaban a verse las primeras estrellas. Nuestros besos eran cada vez más apasionados, mordiéndonos y comiéndonos con ansias mientras nos acariciábamos el rostro mutuamente, casi evitando despegar nuestros labios.

La luna empezaba a iluminar la habitación, descubriendo nuestras miradas de deseo. Solo se oía el ruido de nuestra respiración dificultosa y el murmuro de nuestros besos.

Ambos nos habíamos deshecho ya de nuestra ropa interior. Tu cuerpo se rozaba encima del mío. Se estremecían. Tus pechos hinchados de deseo, se comprimían en mi torso, mientras con nuestras manos nos acariciábamos mutuamente.

La luna se escondió detrás de las paredes y de repente, a través del ventanal del techo, se mostró en todo su esplendor. La luz de la luna llena de color blanco intenso, casi azulado, impactaba de forma cenital en toda nuestra cama, eliminando por completo las sombras de nuestros cuerpos.

La luna era cómplice de nuestro deseo,  mientras sentíamos como aquella fuente de luz nos llenaba el cuerpo de energía. Recuerdo tu cuerpo, bocarriba, mirando de cara a la luna. Tu expresión desencajada se acompañaba por tus gemidos y yo  sentía como la luna iluminaba mi espalda y mi culo.

Rodeabas mi culo con tus piernas, abriéndote completamente y yo encima de ti empotraba tu cuerpo sin parar. Al principio entraba lento, sintiendo la perfecta comunión de nuestros sexos y poco a poco tu coño iba adueñándose de mi polla. Las embestidas se hicieron más violentas, más profundas y rápidas. A cada embestida tu cuerpo se desplazaba unos centímetros que recuperabas al pegarte a mí.

Llegamos ambos al límite y nos corrimos varias veces. Dos cerebros se follaban salvajemente a través de dos cuerpos poseídos por la luna. Nos endurecíamos mientras gemíamos,  y notábamos como apenas nos llegaba la sangre en la cabeza.

Ambos llegamos al final extenuados y con la voz entrecortada me dijiste que me corriera en tu piel. Obedecí, casi por necesidad, arqueé mi cuerpo y contraje la musculatura. En seguida, convulsioné y salió despedido a presión el resultado de todo nuestro deseo. A través de la luz de la luna, parecía que mi corrida circulase a cámara lenta, como si se tratase de luz estroboscópica y terminó impactando perpendicular en tu cuerpo.

Nos envolvimos abrazados mientras nos besamos y acariciamos sintiendo todavía el calor en nuestro cuerpo. Nuestros corazones fueron relajándose y nuestras células oxigenándose después del estrés al que habíamos sido sometidos.


Más tarde, recuerdo como inmovilizaste mi cuerpo, y ahora eras tú quien estabas encima mío, yo deslumbrado de cara a la luna veía tu silueta cabalgándome sin tregua. Te movías despacio, dibujando círculos abiertos mientras jugabas con mi polla dentro de ti, buscando la posición exacta en la que nuestros cuerpos estaban más unidos que nunca y entonces mi polla se hundía en ti como si hubiera sido diseñada para especialmente para ese propósito...

5 susurros:

  1. Cómo puede ser que me excites cada vez que te leo?
    Besos

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  2. Me ha encantado la historia... donde esa luna hace de improvisada luz para una acción cargada de pasión y de excitación.

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  3. Excitada me hallo. Quiero que lo sepa, buen amigo mío.

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  4. Coincido contigo, me excita el sexo inteligente, añado además, elegante.
    Me ha encantado tu historia.
    Petons

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  5. Te susurraré: A mi me ocurre lo mismo cuando me confiesas tu estado...Un besito!

    Lydia: La luna tiene una energia increible...besos!

    Maya: Siempre me quedé con las ganas de ver tu cuerpo iluminado por ella. Un besazo!

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Susurrame al oído...