domingo, 19 de diciembre de 2010

Una noche con M.

Cuando crucé la puerta sabía que aquella era tu habitación. y que tu estaba dentro. Poco a poco mis pupilas fueron dilatándose y adaptándose a la oscuridad y pude comprobar que eras tú quien estaba descansando desnuda de la cama.

La casa estaba en silencio y no había nadie más que nosotros. Lentamente me acerqué hasta tu cama y observé como dormías boca abajo. Tu piel desnuda sólo era cubierta por un pequeño pantalón de pijama que se adaptaba a la silueta de tus muslos. Tu espalda femenina y bien formada se balanceaba al ritmo de tu respiración. Te reincorporaste de golpe, dejándome ver tu perfil y tus pechos al descubierto.

Estuve observando un buen rato, como dormías y al fin acaricié tus labios con mis dedos. Algo en ti, reaccionó; se te erizó la piel y tus pezones fueron endureciéndose. Me pregunté en qué estarías soñando...

De repente, abriste los ojos y me mirabas tratando de ubicarte. Supiste que había llegado el momento y  en tu rostro se dibujó una sonrisa pícara.

Te besé en la mejilla y nos abrazamos fuerte mientras te susurraba al oído lo mucho que te había deseado todo este tiempo. Empecé a besarte el cuello desde detrás de la oreja hasta tus hombros. Lamia y besaba tu piel despacio por encima de tus clavículas hasta llegar al mentón. Mientras tu ibas acariciándome la espalda Nuestros labios se encontraron y nos besamos con deseo.

Mis manos subían por tu vientre acariciándolo hasta llegar a tus pechos. Los rodeé con mis manos y empecé a jugar con ellos. Tu corazón se aceleró y yo seguía jugando con mis dedos. Dibujaba círculos en tus aureolas, pellizcaba y estiraba tus pezones suavemente, mientras ellos respondían endureciéndose y aumentando de tamaño.

Arqueaste la espalda, ofreciéndome tus pechos y empecé a besarlos y lamerlos mientras te daba  mordisquitos y chupetones en tus pezones. Mis manos encontraron tu culito y poco a poco fueron bajándote el pantalón que lo cubría. Gemías y suspirabas...

Dirigiste tus manos lentamente a mis tejanos y en unos segundos los desabrochaste. Cayeron al suelo provocando un ruido seco. El impacto de la hebilla del cinturón sonó como el clic que anuncia la salida de una carrera y modificó por completo el ritmo de nuestros movimientos.

Tu cuerpo desnudo delante el mío. El uno para el otro. Te abracé agarrándote por el culo y lo acerqué a mí. Mi polla rozaba con tu coño desnudo y ambos íbamos poniéndonos cachondos. Notábamos la temperatura de nuestros sexos. Estrujaba tu culito, separándote las nalgas e introduciendo algún dedo entre ellas haciéndote perder el equilibrio. Me cogías los testículos desde abajo e ibas subiendo por encima de los bóxer. Con tus dedos acariciabas mi polla arriba y abajo e iba endureciéndose y aumentando de tamaño.

Nos dejamos caer encima de la cama. Tú encima de mí. Me agarraste por los muslos y poco a poco fuiste bajándome el bóxer. Primero apareció el glande brillante e hinchado y a continuación el tronco y los testículos. Con delicadeza la cogiste y estrujaste entre tus manos. Acercaste tus labios para besarla. Pequeños besos desde la base hasta el glande. Lamías la punta repetidas veces por encima del orificio como si lo quisieses penetrar mientras tus manos se deslizaban arriba y abajo. De repente salieron unas gotitas de líquido preseminal que cazaste con tu lengua y me besaste en los labios. El sabor metálico en nuestras bocas nos animalizó, volviéndonos de fuego.

Volví a besarte el rostro, hasta el mentón y fui bajando por en medio de tu cuello.  Lamía  tus pechos con presión, e iba dejando un rastro de saliva por tu vientre, hasta llegar al interior de tus muslos que chupeteaba y lamia con avidez.

Empezaste a gemir y a pronunciar palabras ininteligibles mientras hacías movimientos pélvicos para guiarme hacia tu chochete. Empecé besando el pubis muy suave y poco a poco fui aplicando más presión mientras los besos se iban haciendo cada vez más profundos. Cuando noté que había llegado al inicio de tu rajita saqué la lengua y fui resiguiendo y humedeciéndola toda. Aumento el flujo sanguíneo de tu sexo aumentando de temperatura, enrojeciéndose e hinchándose mientras iba abriéndose poco a poco. Lamí mi dedo índice y lo introduje despacio en tu coño que apenas ofrecía resistencia. Cuando llegué a introducir la primera falange, empecé a mover mi dedo en círculos, dilatándote por dentro mientras mis yemas notaban los pliegues vaginales propios de la juventud.



Tus gemidos se fueron haciendo más intensos y repetidos. Con mi otra mano separé tus labios y con la punta de la lengua lamí el capuchón que protege tu clítoris. Al principio lo hacía suave, e iba aumentando poco a poco la presión ejercida. Acompañaba cada lamida con las penetraciones de mi dedo y poco a poco fuiste excitándote de forma gradual. Tu clítoris iba hinchándose y abierta completamente ante mí, empecé lamer las glándulas de Skene.

Ya no contenías tus gemidos y tu cuerpo iba moviéndose frenéticamente. De repente lanzaste un chillido mientras contraías la mandíbula mostrando un rictus entre el placer y el dolor. Cerrabas las piernas con fuerza y yo quedaba aprisionado a tu voluntad. Todavía con mis dedos dentro de ti, hurgaba para proporcionarte otro orgasmo.

Me sonreíste mostrándome tus dientes blancos y nos miramos fijamente. Nos besamos. Tú  ya te habías corrido dos veces y ambos lo estábamos deseando. Había llegado el momento de follarnos mutuamente. Mientras levantabas las piernas sosteniéndolas con tus manos, guié mi polla hacia tu vagina que fue introduciéndose sin apenas ofrecer resistencia. Poco a poco fue desapareciendo dentro de ti hasta que mis testículos bloquearon la entrada. Nos abrazamos fuerte mientras empezaba a embestirte con cuidado.

Con tus manos me agarrabas las nalgas y tirabas de mí para sentirla con más profundidad. Me arañabas el culo con tus uñas a propósito en un juego por hacerme cabrear mientras yo aumentaba las embestidas. Cuando querías que bajara el ritmo dejabas de arañar mi piel y estrujabas mi culo. Así inactivabas los nociceptores para eliminar mi sensibilidad superficial al dolor y entonces mis mecanoreceptores notaban la presión de tus manos en mis nalgas. Yo reducía la fuerza de mis penetraciones y sin salirme de ti, abrazaba y acariciaba tu cuerpo. La habitación se llenaba con el sonido de nuestros besos y del olor caliente de nuestro sexo.

Nos dimos la vuelta y ahora tú te ponías encima mío. Me cabalgabas de adelante hacia atrás, dibujando círculos invisibles con maestría. Con mis manos separaba tus nalgas y tú enfurecida me montabas con furia.  Era nuestra primera vez y parecía como si tu coño conociera mi polla a la perfección y viceversa. Arqueaste tu espalda e inclinaste tu cuerpo hacia adelante dejando tus tetas a escasos centímetros de mi cara. Me afané a cazarlos con la boca. Lamía y mordía toda la superficie de tus pechos y continuaba succionando ávidamente tus pezones por la aureola. Gritaste con los ojos desorbitados y tu cuerpo se endureció por completo y te desplomaste encima de mí. Tu cuerpo encima del mío iba relajándose y notaba como las sístoles ventriculares de tu corazón se adaptaban a las mías.  Nos besamos, abrazamos y acariciamos durante un rato.

Mi polla seguía dura dentro de ti. Saliste de golpe y te dirigiste hacia ella. La cogiste con  fuerza en tu mano mientras con la otra reseguías el frenillo con tus yemas. Acercaste tus labios y volviste a besarla mientras pasabas la lengua con presión por encima del glande. Suspiré. Notaba como por los conductos seminales iba fluyendo mi semen hasta que al contacto con el exterior, estallé de placer encima de tu piel.

Cerraste tus labios alrededor de ella, recolectando cada chorro que salía, haciéndome el vacío, y ordeñándome no paraba de salir. Recuerdo tus ojitos brillantes y húmedos mientras me mirabas y sonreías. Aún con un poco de leche goteando por tus labios, te acercaste a los míos y nos besamos con cariño mientras te acariciaba la espalda y te decía lo mucho que me gustabas. Tus manos acariciaban mi miembro y las mías tu coño que todavía permanecían calientes.

3 comentarios:

  1. me encanta... eres muy dulce... escribes dulce... miras dulce... susurras dulce...

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  2. Muchas gracias a las dos!

    Estoy de exámenes y no puedo dedicarme tanto como me gustaria...besos dulces!

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Susurrame al oído...