Era época de exámenes y por la mañana fui a estudiar en la biblioteca. Estaba a reventar y decidí probar suerte en el piso de abajo. En esta zona había el archivo bibliotecario y no acostumbraban a bajar muchas personas. Encontré una mesa vacía y saqué mis apuntes.
Me puse a estudiar concentrado, y al cabo de un rato oí una voz que me hizo levantar la mirada.
- Hola, ¿puedo sentarme contigo?
Delante tenía una chica que se encontraba en la misma situación que yo antes por lo que respondí con una aprobación y retiré mis libros para que se pudiera instalar. Después de este primer contacto ya no podía concentrarme cómo antes e iba observándola disimuladamente por encima de mis apuntes. Gracias a sus papeles descubrí que se llamaba Claudie, bonito nombre pensé!
Claudie era morena con el cabello liso y de color oscuro y su carita de niña buena parecía como si jamás hubiera roto un plato. Llevaba los ojos pintados con rimmel que resaltaban aún más el color marrón de su iris. Sus labios pintados ligeramente resaltaban con el color blanco de sus dientes.
Vestía de forma elegante y sexy lo que permitía entrever una silueta femenina y bien contorneada. Sus pechos se insinuaban duros y de un buen tamaño. Sin duda, aquella chica me creaba una sensación de excitación que no podía disimular.
Durante todo este rato que había estado analizándola y fantaseando con ella, no fui consciente que ella también me había estado mirando. De repente oí cómo un zapato resonaba contra el suelo. Pasaron unos segundos y noté como un dedo me rozaba y se desplazaba suavemente a lo largo de mi pierna.
Levanté la mirada y ella seguía con su lectura. No parecía inmutarse lo más mínimo, cómo si aquel inocente pie no fuera con ella. Le gustaba jugar fuerte. Había empezado la batalla y no la iba dejar marchar fácilmente.
Me levanté y me fui al exterior para oxigenarme al tiempo que planificaba mis siguientes acciones. Volví al cabo de unos minutos y la vi de espaldas, concentrada en sus apuntes. Me acerqué silenciosamente por detrás y empecé a acariciarle el cuello. Su piel era suave y desprendía un ligero aroma a frutas que se mezclaba con el aire áspero de los libros viejos.
Empecé a besarle su hombro descubierto y seguí subiendo lentamente hasta el lóbulo de su oreja que chupetee y lamí sin compasión. Le susurré al oído:
- Eres mala!
De repente giró bruscamente su cara y nuestros ojos se quedaron mirándonos fijamente, hasta que nuestros labios se fusionaron como dos burbujas de jabón y empezamos a besarnos ávidamente.
A continuación se levantó, me cogió de la mano y me guió a través de los pasillos hasta la puerta del lavabo de chicas. Al cruzarla salió una chica que lanzó una sonrisa pícara.
Nos cerramos al primer lavabo que vimos abierto y empezamos a besarnos frenéticamente empotrados contra las paredes que teníamos. Ella levantó el cuello y empecé a comérmelo a chupetones y besitos. Nuestras respiraciones se aceleraron y apenas podíamos contener nuestras ansias. Ambos nos quitamos la camiseta. Ella llevaba un sostén Intimissimi con algo de encaje alrededor que resaltaban aún más sus pechos.
Bajé mi mano lentamente y la introduje por debajo de su brassier; podía notar cómo sus pezones se endurecían. Me posé encima de su pecho y al tiempo que los acariciaba con la palma de la mano, pellizcaba sus pezones entre mis dedos índice y corazón.
Sus pezones se duplicaron de tamaño y adquirieron un color más oscuro. Me amorré a uno de ellos y empecé a succionarlo de forma descontrolada. Al tiempo ella, había deslizados sus manos por detrás de mi espalda y me agarraba y estrujaba el culo. Introdujo una mano dentro de mi slip, me cogió el pene y me lo sacó afuera.
Tenía una erección considerable y mi glande hinchado y rojizo era la prueba evidente. Se puso de rodillas, lo agarró con las manos y lo introdujo todo en su boca. La movía de forma frenética y cuando la sacaba estaba toda ensalivada.
Mientras con una mano me la tensaba hacia atrás con la otra se paseaba con sus yemas por encima de mi capullo, acompañándolo con lengüetazos que ayudaban a lubricarlo bien. Estaba muy cachondo y me moría de ganas llegar a su coñito por lo que me senté encima del inodoro y ella me cabalgó rodeándome con sus brazos.
Mi mano se puso entre sus piernas y noté que estaba empapada. Separé a un lado su braguita y reseguí a lo largo de sus labios, estaban calientes. Acerqué los dedos a mi boca y los lamí a conciencia. Ella me los cogió y me los volvió a lamer, asegurándose que estaban bien lubricados. Situé mi dedo índice en su entrada y lentamente fui introduciéndolo sin presentar demasiada dificultad.
Claudie, empezó a moverse con una leve cadencia y a emitir suaves gemidos mientras mi dedo dibujaba círculos concéntricos en su interior. Añadí otro dedo y aumenté la velocidad de las penetraciones a lo que ella respondió con una respiración más acelerada y suspiros más enérgicos que resonaban entre las paredes prefabricadas de aquél inodoro.
De repente la puerta del servicio se abrió y oímos las voces de dos chicas que hablaban alegremente. Ella se mordió el labio inferior y arqueó todo el cuerpo queriéndose perder en aquel viaje que mis dedos le estaba proporcionando. De repente emitió un suspiro que provocó el silencio de las chicas, seguido de una contracción de todo su cuerpo y una posterior relajación. Ahora me miraba con los ojos humedecidos y con una sonrisa tremendamente dulce que no pude resistirme a besar.
Pasados unos minutos, nos aseguramos que estábamos solos y nos vestimos con nuestras prendas arrugadas. Notamos que el aire estaba muy cargado y olía a sexo y lo estaría durante un largo rato. Salimos del lavabo y afuera vimos las chicas que seguramente habían entrado unos minutos atrás. Nos lanzaron miradas advirtiéndonos que nos habían descubierto. Delante de la situación, cogí a Claudie de la mano y salimos corriendo de la biblioteca.
A estas horas no habría nadie en mi casa por lo que se convertía en el cómplice perfecto para nuestras travesuras...
Me puse a estudiar concentrado, y al cabo de un rato oí una voz que me hizo levantar la mirada.
- Hola, ¿puedo sentarme contigo?
Delante tenía una chica que se encontraba en la misma situación que yo antes por lo que respondí con una aprobación y retiré mis libros para que se pudiera instalar. Después de este primer contacto ya no podía concentrarme cómo antes e iba observándola disimuladamente por encima de mis apuntes. Gracias a sus papeles descubrí que se llamaba Claudie, bonito nombre pensé!
Claudie era morena con el cabello liso y de color oscuro y su carita de niña buena parecía como si jamás hubiera roto un plato. Llevaba los ojos pintados con rimmel que resaltaban aún más el color marrón de su iris. Sus labios pintados ligeramente resaltaban con el color blanco de sus dientes.
Vestía de forma elegante y sexy lo que permitía entrever una silueta femenina y bien contorneada. Sus pechos se insinuaban duros y de un buen tamaño. Sin duda, aquella chica me creaba una sensación de excitación que no podía disimular.
Durante todo este rato que había estado analizándola y fantaseando con ella, no fui consciente que ella también me había estado mirando. De repente oí cómo un zapato resonaba contra el suelo. Pasaron unos segundos y noté como un dedo me rozaba y se desplazaba suavemente a lo largo de mi pierna.
Levanté la mirada y ella seguía con su lectura. No parecía inmutarse lo más mínimo, cómo si aquel inocente pie no fuera con ella. Le gustaba jugar fuerte. Había empezado la batalla y no la iba dejar marchar fácilmente.
Me levanté y me fui al exterior para oxigenarme al tiempo que planificaba mis siguientes acciones. Volví al cabo de unos minutos y la vi de espaldas, concentrada en sus apuntes. Me acerqué silenciosamente por detrás y empecé a acariciarle el cuello. Su piel era suave y desprendía un ligero aroma a frutas que se mezclaba con el aire áspero de los libros viejos.
Empecé a besarle su hombro descubierto y seguí subiendo lentamente hasta el lóbulo de su oreja que chupetee y lamí sin compasión. Le susurré al oído:
- Eres mala!
De repente giró bruscamente su cara y nuestros ojos se quedaron mirándonos fijamente, hasta que nuestros labios se fusionaron como dos burbujas de jabón y empezamos a besarnos ávidamente.
A continuación se levantó, me cogió de la mano y me guió a través de los pasillos hasta la puerta del lavabo de chicas. Al cruzarla salió una chica que lanzó una sonrisa pícara.
Nos cerramos al primer lavabo que vimos abierto y empezamos a besarnos frenéticamente empotrados contra las paredes que teníamos. Ella levantó el cuello y empecé a comérmelo a chupetones y besitos. Nuestras respiraciones se aceleraron y apenas podíamos contener nuestras ansias. Ambos nos quitamos la camiseta. Ella llevaba un sostén Intimissimi con algo de encaje alrededor que resaltaban aún más sus pechos.
Bajé mi mano lentamente y la introduje por debajo de su brassier; podía notar cómo sus pezones se endurecían. Me posé encima de su pecho y al tiempo que los acariciaba con la palma de la mano, pellizcaba sus pezones entre mis dedos índice y corazón.
Tenía una erección considerable y mi glande hinchado y rojizo era la prueba evidente. Se puso de rodillas, lo agarró con las manos y lo introdujo todo en su boca. La movía de forma frenética y cuando la sacaba estaba toda ensalivada.
Mientras con una mano me la tensaba hacia atrás con la otra se paseaba con sus yemas por encima de mi capullo, acompañándolo con lengüetazos que ayudaban a lubricarlo bien. Estaba muy cachondo y me moría de ganas llegar a su coñito por lo que me senté encima del inodoro y ella me cabalgó rodeándome con sus brazos.
Mi mano se puso entre sus piernas y noté que estaba empapada. Separé a un lado su braguita y reseguí a lo largo de sus labios, estaban calientes. Acerqué los dedos a mi boca y los lamí a conciencia. Ella me los cogió y me los volvió a lamer, asegurándose que estaban bien lubricados. Situé mi dedo índice en su entrada y lentamente fui introduciéndolo sin presentar demasiada dificultad.
Claudie, empezó a moverse con una leve cadencia y a emitir suaves gemidos mientras mi dedo dibujaba círculos concéntricos en su interior. Añadí otro dedo y aumenté la velocidad de las penetraciones a lo que ella respondió con una respiración más acelerada y suspiros más enérgicos que resonaban entre las paredes prefabricadas de aquél inodoro.De repente la puerta del servicio se abrió y oímos las voces de dos chicas que hablaban alegremente. Ella se mordió el labio inferior y arqueó todo el cuerpo queriéndose perder en aquel viaje que mis dedos le estaba proporcionando. De repente emitió un suspiro que provocó el silencio de las chicas, seguido de una contracción de todo su cuerpo y una posterior relajación. Ahora me miraba con los ojos humedecidos y con una sonrisa tremendamente dulce que no pude resistirme a besar.
Pasados unos minutos, nos aseguramos que estábamos solos y nos vestimos con nuestras prendas arrugadas. Notamos que el aire estaba muy cargado y olía a sexo y lo estaría durante un largo rato. Salimos del lavabo y afuera vimos las chicas que seguramente habían entrado unos minutos atrás. Nos lanzaron miradas advirtiéndonos que nos habían descubierto. Delante de la situación, cogí a Claudie de la mano y salimos corriendo de la biblioteca.
A estas horas no habría nadie en mi casa por lo que se convertía en el cómplice perfecto para nuestras travesuras...
Que morbo chico, que bien te lo pasas estudiando.
ResponderEliminarJe je
Besazo