Cuando entré en aquel lugar, tuve la sensación de que entraba en un sitio del que jamás podría salir. Me dirigí al mostrador que había al fondo de la estancia en dónde una chica semidesnuda con lencería de encaje atendía personalmente a los clientes. En uno de sus pechos tenia escrito el nombre de "Helen" y supuse que ese sería su nombre.
Le comenté que estaba interesado en su banco, por lo que la chica mostró interés por mi ingreso. Me contó que su banco funcionaba como cualquier otro que ya conociese: con sus préstamos, sus hipotecas y sus intereses. La única diferencia era que ellos no trabajaban con dinero. Aquello me sorprendió y a la vez hizo aumentar mis ganas por formar parte de tan peculiar institución.
En seguida, me entregó todas las hojas del contrato para abrirme una cuenta, con la habitual letra pequeña que casi ninguno leemos, y todos debiéramos. Firmé los documentos uno tras otro y cuando terminé, Helen, se me acercó y mientras me clavaba sus dos pechos en mi cuerpo me comió la boca para confirmar el contrato.
A continuación, me acompañó hasta una puerta y allí me dijo que ese era el segundo paso para ingresar. Se despidió de mí sonriéndome y prometiéndome que ya nos veríamos por las instalaciones.
Crucé la puerta y me encontré en una habitación con dos mujeres, una morena y la otra rubia, con sus tetas y coños al descubierto. Me dijeron que se llamaban Anna (la rubia) y Laura (la morena) y yo también me presenté.
Según me contaron necesitaban comprobar algunos requisitos para poder formar parte del banco de orgasmos y yo acepté sin rechistar. Empecé a acariciar sus cuerpos desnudos, a lamer sus pechos y jugar con sus pezones mientras ellas iban desnudándome poco a poco.
Me recostaron en una cama y Anna desapareció. Laura, que seguía conmigo empezó a besarme el cuello, bajando por el tórax y mordiéndome los pezones mientras sus pechos acariciaban mi polla que estaba dura y muy receptiva. Cada uno de sus movimientos hacían estremecer mi cuerpo completamente entregado a ella. Siguió deslizándose por mi abdomen hasta llegar al interior de mis muslos que siguió besando a mordisquitos, olisqueándome, lamiéndome mientras iba acercándose lentamente hacia mi polla.
La agarró entre sus manos y empezó a inspeccionarla por todos los ángulos, acariciaba mis testículos y luego acariciaba el tronco de mi polla como quien acaricia un animal de compañía, aquello me excitó de sobremanera pero de repente la mordió levemente haciéndome emitir un gemido y produciéndome un desempalme en cuestión de segundos.
Rápidamente cogió una cinta métrica y empezó a medirme la polla en estado de semiflacidez. Su longitud, su grosor y luego los testículos en toda su superficie. Rápidamente, me estrujó la polla y está se fue hinchando entre sus manos hasta volver a tenerla toda erecta. Volvió a medírmela ahora completamente empalmado, por la cara dorsal, por la cara ventral, junto con los huevos o solamente el glande.
Mientras lo iba haciendo, emitía sonidos de aprobación y de excitación. Parecía gustarle bastante mi polla y de repente empezó a pajearme lentamente. Sus manos delicadas recorrían el tronco de mi polla en toda su extensión. Iba abandonándome al placer, y mi polla iba enrojeciéndose por momentos. Ahora cogió un envoltorio y desenfundó un kit que según parecía era para hacer un molde de mi polla. Ese era el sistema que usaban para tenerlas todas fichadas por si en algún momento ocurría algún tipo de problema y además para que las demás clientas pudieran elegir su polla preferida con total satisfacción.
Una vez terminó de clonarme la polla, empezó a lamer los restos del producto que según parecía eran comestibles. Empezó a comerme la polla, besándola, empapándola en saliva, lamiendo cada testículo y pajeándome con fuerza. Reducía el ritmo y volvía a aumentarlo con voracidad.
Volvió a aparecer su compañera y se sentó a mi lado, se miraron haciéndose alguna seña y Laura aumentó sus sacudidas, dispuesta a hacerme reventar encima suyo. Justo en el momento en que me corría y el primer chorro salpicaba su piel, Anna me pinchó en la vena basílica para sacarme sangre. Debo confesar que aquella sensación de placer, mezclada con el dolor punzante, me bloqueó todos los sentidos y me inundó en una sensación de placer extremo.
Mi polla no paraba de emitir chorros intermitentes que estallaban en su pelo, en sus mejillas y iban deslizándose por su cuello. Todavía tuvo tiempo para agarrar un envase y depositar una cantidad suficiente para realizar unos análisis organolépticos de mi corrida. Necesitaban clasificar el color, el olor y el gusto de mis fluidos. Mojó uno de sus dedos y lo deslizó entre sus labios, para notar la textura de mi semen. Luego se relamió los labios y volvió a picotear.
Mientras tanto Anna, debía analizar que no tuviera ninguna E.T.S que pusiera en un compromiso a la confianza y calidad de su banco de orgasmos. Todo correcto. Las dos mujeres parecían estar satisfechas con mi examen y decidieron juntas terminar de limpiarme los restos de mi corrida con sus lenguas juguetonas.
Me dejé hacer por ellas y todavía salían pequeños restos de mis conductos eyaculadores. Me despedí ahora de Laura besándonos mientras mi polla rozaba su coñito. Me susurró que muy pronto nos veríamos en las instalaciones y me guiñó el ojo.
Ahora era Anna (la rubia), quien me mostraría las instalaciones disponibles para los clientes del banco pero todo esto lo contaré en la siguiente entrada.
Le comenté que estaba interesado en su banco, por lo que la chica mostró interés por mi ingreso. Me contó que su banco funcionaba como cualquier otro que ya conociese: con sus préstamos, sus hipotecas y sus intereses. La única diferencia era que ellos no trabajaban con dinero. Aquello me sorprendió y a la vez hizo aumentar mis ganas por formar parte de tan peculiar institución.
En seguida, me entregó todas las hojas del contrato para abrirme una cuenta, con la habitual letra pequeña que casi ninguno leemos, y todos debiéramos. Firmé los documentos uno tras otro y cuando terminé, Helen, se me acercó y mientras me clavaba sus dos pechos en mi cuerpo me comió la boca para confirmar el contrato.
A continuación, me acompañó hasta una puerta y allí me dijo que ese era el segundo paso para ingresar. Se despidió de mí sonriéndome y prometiéndome que ya nos veríamos por las instalaciones.
Crucé la puerta y me encontré en una habitación con dos mujeres, una morena y la otra rubia, con sus tetas y coños al descubierto. Me dijeron que se llamaban Anna (la rubia) y Laura (la morena) y yo también me presenté.
Según me contaron necesitaban comprobar algunos requisitos para poder formar parte del banco de orgasmos y yo acepté sin rechistar. Empecé a acariciar sus cuerpos desnudos, a lamer sus pechos y jugar con sus pezones mientras ellas iban desnudándome poco a poco.
Me recostaron en una cama y Anna desapareció. Laura, que seguía conmigo empezó a besarme el cuello, bajando por el tórax y mordiéndome los pezones mientras sus pechos acariciaban mi polla que estaba dura y muy receptiva. Cada uno de sus movimientos hacían estremecer mi cuerpo completamente entregado a ella. Siguió deslizándose por mi abdomen hasta llegar al interior de mis muslos que siguió besando a mordisquitos, olisqueándome, lamiéndome mientras iba acercándose lentamente hacia mi polla.
La agarró entre sus manos y empezó a inspeccionarla por todos los ángulos, acariciaba mis testículos y luego acariciaba el tronco de mi polla como quien acaricia un animal de compañía, aquello me excitó de sobremanera pero de repente la mordió levemente haciéndome emitir un gemido y produciéndome un desempalme en cuestión de segundos.
Rápidamente cogió una cinta métrica y empezó a medirme la polla en estado de semiflacidez. Su longitud, su grosor y luego los testículos en toda su superficie. Rápidamente, me estrujó la polla y está se fue hinchando entre sus manos hasta volver a tenerla toda erecta. Volvió a medírmela ahora completamente empalmado, por la cara dorsal, por la cara ventral, junto con los huevos o solamente el glande.
Mientras lo iba haciendo, emitía sonidos de aprobación y de excitación. Parecía gustarle bastante mi polla y de repente empezó a pajearme lentamente. Sus manos delicadas recorrían el tronco de mi polla en toda su extensión. Iba abandonándome al placer, y mi polla iba enrojeciéndose por momentos. Ahora cogió un envoltorio y desenfundó un kit que según parecía era para hacer un molde de mi polla. Ese era el sistema que usaban para tenerlas todas fichadas por si en algún momento ocurría algún tipo de problema y además para que las demás clientas pudieran elegir su polla preferida con total satisfacción.
Una vez terminó de clonarme la polla, empezó a lamer los restos del producto que según parecía eran comestibles. Empezó a comerme la polla, besándola, empapándola en saliva, lamiendo cada testículo y pajeándome con fuerza. Reducía el ritmo y volvía a aumentarlo con voracidad.
Volvió a aparecer su compañera y se sentó a mi lado, se miraron haciéndose alguna seña y Laura aumentó sus sacudidas, dispuesta a hacerme reventar encima suyo. Justo en el momento en que me corría y el primer chorro salpicaba su piel, Anna me pinchó en la vena basílica para sacarme sangre. Debo confesar que aquella sensación de placer, mezclada con el dolor punzante, me bloqueó todos los sentidos y me inundó en una sensación de placer extremo.
Mi polla no paraba de emitir chorros intermitentes que estallaban en su pelo, en sus mejillas y iban deslizándose por su cuello. Todavía tuvo tiempo para agarrar un envase y depositar una cantidad suficiente para realizar unos análisis organolépticos de mi corrida. Necesitaban clasificar el color, el olor y el gusto de mis fluidos. Mojó uno de sus dedos y lo deslizó entre sus labios, para notar la textura de mi semen. Luego se relamió los labios y volvió a picotear.Mientras tanto Anna, debía analizar que no tuviera ninguna E.T.S que pusiera en un compromiso a la confianza y calidad de su banco de orgasmos. Todo correcto. Las dos mujeres parecían estar satisfechas con mi examen y decidieron juntas terminar de limpiarme los restos de mi corrida con sus lenguas juguetonas.
Me dejé hacer por ellas y todavía salían pequeños restos de mis conductos eyaculadores. Me despedí ahora de Laura besándonos mientras mi polla rozaba su coñito. Me susurró que muy pronto nos veríamos en las instalaciones y me guiñó el ojo.
Ahora era Anna (la rubia), quien me mostraría las instalaciones disponibles para los clientes del banco pero todo esto lo contaré en la siguiente entrada.

Buen texto, y mucha calentura..
ResponderEliminarDemasiado tiempo en la cola del banco? jajaja
ResponderEliminarCada día te lo curras más, un banco de orgasmos!!! mmmmm que crack
Un texto caliente y muy bien narrado. La foto espectacular!
Besitos, guapo
Gracias x la visita.
ResponderEliminarGran relato... Si esta visto que cuando los hombres pensamos con la poll..
Solo espero que no seas Urologo en la S.S. jejeje
Me encantan las fantasías de sexo-ficción, si añades a ello la mezcla con ese lenguaje técnico... creo que me pone Vd., Doctor.
ResponderEliminarjordim: Gracias! :)
ResponderEliminarniña mala: Gracias por tu comentario Deberia de haber más bancos como este...la foto es recomendación tuya :P un beso!
carlitos: Gracias! todavia me faltan algunos añitos para terminar la carrera, pero todo puede hacerse...ejeje
demonella:Gracias por tu comentario...en tal caso publicaré la segunda parte en unos días.
un besazo!